¿Qué es el ahogamiento secundario?

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En los últimos días, habéis visto cómo se ha viralizado un artículo en las redes sociales respecto al ahogamiento secundario. Pienso que con tintes más sensacionalistas que con ánimo de ayudar a los padres.

Pudiera dar la impresión de que es un problema muy frecuente, y lo que es peor, pudiese dar la impresión que ante el mínimo trago de agua de una piscina nuestro hijo pudiese morir por un ahogamiento secundario.

Como otras veces, intentaré aclarar ciertas dudas:

¿Qué es el ahogamiento secundario?

Se trata de un edema pulmonar que se produce como consecuencia de la aspiración de agua, especialmente de piscinas (ya que contiene fuertes irritantes para la vía respiratoria como puede ser el cloro). Este edema pulmonar dificulta el intercambio gaseoso en el pulmón y puede llevar a la muerte.

Pero, ¿esto es muy frecuente?

Afortunadamente NO. Es excepcional. Desgraciadamente a lo largo de mi vida profesional ya me he encontrado con varios casos de ahogamiento, pero nunca un ahogamiento secundario.

¿Si mi hijo traga agua de la piscina le puede ocurrir?

Rotundamente NO. Esta es la pregunta que debe quedar más clara puesto que es la que más angustia innecesaria genera. Cuando un niño traga agua, el agua va al estómago, y eso no tendrá ninguna consecuencia (en el peor de los casos si la cantidad de agua ingerida es muy grande puede provocar vómitos).
Para que se produzca un ahogamiento secundario el agua de la piscina debe llegar a los pulmones y eso es muy improbable, sólo ocurre en muy pocos casos de “semiahogamiento”, es decir cuando un niño se queda inconsciente y necesita una reanimación inmediata en la piscina.

Entonces, ¿qué debo hacer si mi hijo traga agua de la piscina?

Como ya hemos dicho, si lo que ha hecho es tragar agua, no hay que hacer absolutamente NADA.
Si el niño sufrió un casi-ahogamiento (se quedó inconciente en el agua y necesitó una reanimación), debe acudir a un centro médico donde probablemente quedará ingresado durante unas horas precisamente para vigilar la aparición de los síntomas de un ahogamiento secundario (dificultad respiratoria, …)

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Mi hijo tiene 40° de fiebre, ¿puede convulsionar?

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Esta es una de las grandes preocupaciones que presentan muchos padres cuando sus hijos tienen fiebre y que provoca que acudan muy angustiados a los servicios de urgencias.
Como otras veces, intentaré aclarar ciertas dudas.

En primer lugar, ¿qué es una convulsión febril?

Es un episodio que, coincidiendo con la subida de la fiebre, produce en el niño una pérdida de conciencia, acompañada de rigidez generalizada, revulsión ocular (ojos en blanco), cianosis peribucal (labios morados), sialorrea (babeo), trismus (mandíbula cerrada muy fuertemente), respiración muy ruidosa o dificultosa y sacudidas de los brazos y las piernas. A veces puede existir relajación de esfínteres (se hace pipí o caca).
Suele durar pocos minutos (aunque se hagan eternos) y posteriormente el niño suele quedar confuso o muy adormilado.

¿Por qué se produce?

La causa no está clara, pero suele haber antecedentes familiares.

Pero, ¿es muy frecuente?

Son relativamente frecuentes. Aproximadamente entre el 3-5% de los niños presentarán un episodio de convulsión febril. Son más frecuentes en los niños de entre 6 meses y 5 años (de hecho, cuando se producen a esta edad y con las características descritas anteriormente los médicos las llamamos convulsiones febriles típicas).

¿Le dejará alguna secuela?

El mayor peligro de una convulsión es la falta de oxígeno al cerebro, y puesto que hemos dicho que las convulsiones febriles suelen durar pocos minutos, NO suelen dejar ninguna secuela.

¿Se puede repetir?

La mayoría de las veces las convulsiones febriles NO repite. Aunque un 20-30% puede tener, al menos, otra convulsión. Cuando repite es más frecuente que lo haga en las primeras horas tras la convulsión, si hay antecedentes familiares o cuando el niño es más pequeño.

¿Se puede prevenir?

NO. Sólo en circunstancias especiales se utilizarán tratamientos preventivos (no parecen estar justificados).
La fiebre se debe tratar igual que en los niños que nunca han sufrido convulsiones febriles, con medidas físicas (desabrigar al niño, …) o farmacológicas (paracetamol o ibuprofeno) para aliviar el malestar.

Si mi hijo convulsiona, ¿qué debo hacer?

Aunque no sea fácil, es fundamental mantener la calma y de esa manera será más fácil llevar a cabo las siguientes recomendaciones:
Tumbar al niño de lado, sobre un costado (para facilitar la respiración) y mantenerlo lejos de objetos con los que pueda golpearse.
Mirar el tiempo que dura la convulsión (¡seguro que es menos del que se piensa!).
– No es necesario realizar el boca-boca, ni se deben meter los dedos en la boca (¡no se “tragará” la lengua!), ni sujetar al niño para frenar las sacudidas.

¿Cómo se trata?

Casi todas las convulsiones febriles ceden por sí solas en pocos minutos. Una vez que el niño se haya cedido, puede tomar algún antitérmico para bajar la fiebre
Los padres de niños con convulsiones febriles repetidas pueden sentirse más tranquilos si disponen de medicación (diazepam) para administrar por vía rectal cuando se produce la convulsión.

¿Debo acudir a un centro sanitario?

Conviene acudir al centro sanitario más cercano para que el niño sea valorado por un médico que confirme el diagnóstico.
También debemos acudir a un centro sanitario si se repite la convulsión, si la convulsión dura mucho tiempo (más de 15 minutos), si el niño se encuentra muy adormilado o se queja de dolor de cabeza intenso y vomita.

Al acudir al médico, ¿deben hacer alguna prueba?

El diagnóstico se hace  a partir del relato que hacen los padres (que suelen estar tremendamente angustiados). NO hace falta ninguna prueba para confirmarlo.
En los pocos casos en los que las convulsiones se repiten con frecuencia, son muy prolongadas (más de 15 minutos) o no son de los tipos que describimos al principio, el pediatra puede solicitar alguna prueba o remitir al neurólogo.

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LA GASTROENTERITIS

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Debido a las inmumerables visitas que he tenido que hacer estos días por este motivo “me veo obligado” a aclarar ciertas dudas:

¿Qué es la gastroenteritis?
La gastroenteritis es una de las enfermedades más comunes en la infancia, que consiste en la inflamación de la pared intestinal (enteritis) y, a veces también, de la pared del estómago (gastritis).

¿Cómo se transmite?
Aparece en brotes debido a su mecanismo de transmisión fecal-oral, es decir, se transmite a través de la saliva y de restos de las deposiciones. Por tanto, conviene para prevenir el contagio, que los niños no compartan biberones, botellitas, cañitas, … y que los adultos después de limpiar la diarrea a un niño se laven bien las manos para eliminar todas las partículas víricas que pudiesen haber quedado.

¿Cuál es la causa?
La causa más frecuente, con mucho, son los virus, especialmente el ROTAVIRUS. En muy pocas ocasiones se producen por bacterias, las más frecuentes y conocidas son SALMONELLA y SHIGELA.

¿Cuáles son los síntomas?
Se pueden manifestar con vómitos y diarrea o sólo diarrea. La diarrea suele ser muy acuosa. En ocasiones también se acompañan de dolor abdominal (retortijones) y fiebre, puesto que son producidas por virus.
Si la fiebre es muy alta o en las deposciones hay sangre, moco o pus hay que descartar que la causa en este caso sea una bacteria.

¿Qué debemos vigilar?
Ante una gastroenteritis lo único que debemos garantizar el es adecuado estado de hidratación del niño. Una manera fácil de asegurarnos de que el niño sigue bien hidratado es mirando su lengua, sus ojos y los pañales. El niño estará bien hidratado si su lengua está húmeda, sus ojos sueltan lágrimas cuando llora y moja los pañales de pipí. 
Si el niño se encuentra muy decaído, tiene los ojos hundidos, la lengua seca o no hace pipí, se encuentra deshidratado por lo debemos acudir rápidamente a su pediatra.

¿Cómo se trata? 
Se trata de un proceso autolimitado, es decir, que la mayoría de las veces se resuelven en pocas horas (o días) y casi nunca es necesario utilizar medicación. En ocasiones, como mediada de confort, utilizamos los analgésicos-antitérmicos (paracetamol) para aliviar el dolor abdominal y la fiebre. Pero casi nunca utilizamos fármacos para cortar los vómitos debido a que pueden tener efectos secundarios muy desagradables.

¿Le puedo dar aquarius, coca cola batida, zumos, …?
Afortunadamente la mayoría de los niños no se llegan a deshidratar en un proceso de gastroenteritis y por eso, aunque hayamos utilizado en ocasiones esas bebidas, no ha ocurrido nada, pero lo cierto es que NO deberíamos utilizarlas puesto que no están pensadas para estas situaciones. El aquarius está pensada para deportistas, para reponer las pérdidas que se tienen a través del sudor, aporta gran contenido de azúcar y pocas sales minerales. La coca cola, ni siquiera sabemos su composición (“el secreto mejor guardado”) pero lo que sí sabemos es que contiene igualmente mucha azúcar y pocas sales minerales y precisamente en la diarrea lo que se pierden son muchas sales minerales. Por tanto los correcto es utilizar SOLUCIONES DE REHIDRATACIÓN ORAL (afortunadamente hoy día disponemos de gran variedad de sabores e incluso de texturas), dándoselas en pequeños sorbitos cada 5-10 minutos y siempre habiendo esperado al menos media hora tras el último vómito.

¿Cuándo y qué podemos darles de comer?
La reintroducción de la alimentación habitual debe ser precoz, es decir, en no más de 4-6 horas conviene que le niño esté comenzando a comer su comida habitual. De esta manera la mucosa intestinal se recuperará antes.
En el caso de los bebés que estén tomando lactancia materna lo único que hay que hacer es fraccionar las tomas, es decir, darle más veces pero tomas más pequeñas. De igual forma los bebés que tomen leche de fórmula deben sólo fraccionar la toma pero no debemos utilizar leches especiales ni aguar la toma.
En el caso de los niños más grandecitos conviene que hagan una dieta normal pero sin grasas y azucares refinados. Algunos de los alimentos más adecuados, más apetecibles y que mejor se suelen tolerar son el pan, las galletas,…

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Mi hijo tiene otra vez… LOMBRICES!!!!

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Esta parasitosis es muy frecuente en todas las zonas del mundo y continúa afectando a muchos niños independientemente de la clase social. Como la contagiosidad en escuelas y guarderías es alta suele generar mucha angustia.
Intentaré aclarar algunas dudas:
¿qué son las lombrices?
Son unos gusanos muy pequeños (4-5 mm), blanquecinos, llamados oxiuros, que sólo afectan a los humanos (el resto de los animales ni lo padecen ni lo transmiten).
¿cómo se transmite?
A través de las manos de las personas infectadas, casi siempre en las uñas. También a través de cualquier objeto las personas infectadas hayan  podido tocar (juguetes, ropa, toalla, vasos, …).
Varias semanas después de la infección las hembras ponen huevos, que llegan hasta el intestino delgado donde salen las larvas y éstas al llegar al intestino grueso adoptan el aspecto característico de “pequeñas lombrices blancas”.
Los huevos suelen ponerlos por la noche, alrededor del ano, produciendo un picor muy intenso que hace que el niño se rasque y por tanto se contaminan tanto la ropa interior, el pijama, la ropa de cama y sobre todo las uñas del niño, que hará que al día siguiente pueda transmitir esos huevos a cada objeto que toque.
¿cuáles son los síntomas?

El síntomas principal es el picor, fundamentalmente en la región anal, sobre todo por la noche, por lo que se suelen poner muy irritables, con sueño muy intranquilo.
A veces, en las niñas, también producen picor del área genital (vaginal).
Otros síntomas, que clásicamente se han asociado a las lombrices,  como el rechinar de dientes (bruxismo) o el dolor abdominal, son realmente raros.
¿cómo se diagnostica?
Casi nunca se realizan pruebas para llegar al diagnóstico, ya que los síntomas suelen ser suficientes para hacer el diagnóstico.
A veces son los propios cuidadores quienes refieren haber visto “unos hilillos blancos que se mueven” en el ano o en las deposiciones.
En pocas ocasiones hay que realizar el Test de Graham que consiste en poner un trozo de celofan en el ano, sobre todo a primera hora de la mañana, para ser después observarlos al microscopio.
¿se puede prevenir el contagio?
En ocasiones es difícil pero se ha de insistir mucho en la higiene de manos sobre todo tras ir al baño y, por supuesto, antes de comer. Además es conveniente también que los niños lleven las uñas muy cortas y limpias.
También hay que lavar la ropa interior y la ropa de cama con agua caliente.

En los niños más pequeños se pueden utilizar pijamas cerrados para evitar el rascado y los huevos no pasen a las uñas.
¿cómo se trata? 
El fármaco más utilizado es el mebendazol, que es muy eficaz para las lombrices adultas, pero ningún fármaco es eficaz para destruir los huevos. Es importante recordar, por tanto, que debemos utilizar una segunda dosis aproximadamente 2 semanas para matar las nuevas lombrices que hayan salido de los huevos que hubiesen quedado.
Conviene señalar la importancia de tratar a todos los convivientes del domicilio para cortar la cadena de contagio.

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¿Mi hijo tiene los pies planos?

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¿Mi hijo tiene los pies planos?

Con la llegada del verano y la menor protección del pie con el calzado, y por tanto una mayor visibilidad del pie, esta duda aparece prácticamente entre todos los padres de niños menores de 5 años.
Existen 2 condicionantes claros que hacen que el puente de un niño pequeño (menor de 3-4 años) sea muy poco evidente:
– El mayor acúmulo de grasa de los bebés, hasta el año de vida, que hace que el puente se “rellene” de grasa que posteriormente irá desapareciendo.
– La gran flexibilidad de los niños pequeños que hace que la estructura de la bóveda del puente “se hunda” al soportar el peso del cuerpo.
Estas 2 circunstancias hacen que el pie parezca plano. Además si miramos al niño desde atrás veremos cómo su talón se vuelca hacia afuera (talo valgo).
Esto da lugar a lo que los pediatras llamamos pie plano flexible, que es una etapa normal del desarrollo del pie y que con la pérdida de grasa y con la mayor fortaleza de los músculos y ligamentos que forman la bóveda del pie hará que vaya formando en los siguientes años un puente normal. Hay que distinguirlo claramente del pie plano rígido, que no se corregirá, puesto que es debido a la mala posición de la algunos de los huesos del pie.
¿se corregirá, entonces, su pie plano?
Existen dos maniobras muy sencillas que nos permitirán estar tranquilos de que su pie plano es flexible y por tanto se corregirá con la edad:
    1- Con el niño sentado con los pies colgando (sin soportar carga) el puente aparece.
    2- El puente aparece al poner al niño de puntillas. Además con esta maniobra observaremos que el talón que se volcaba hacia afuera, se corrige hacia dentro.
¿cuándo debo preocuparme y consultar al especialista?

    1- si con cualquiera de las dos maniobras anteriores no logramos ver el puente del pie
    2- Si el niño se queja de dolor en el pie.

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Doctor, ¿¡¡ no le va a poner nada para dormir !!?

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Doctor, ¿¡¡no le va a mandar nada para dormir!!?

No sé cuantas veces al día tengo que dar respuesta a esta pregunta.
Dejemos algunas cosas claras. Lo primero es reconocer que compatibilizar la maternidad o la paternidad con la vida laboral es francamente difícil. La conciliación familiar es “ciencia ficción” y esta hace que el grado de tolerancia a las “malas noches” sea cada vez menor. Por este motivo es frecuente que los padres se desesperen y busquen soluciones farmacológicas inmediatas. Sin embargo debemos saber que el sueño es una conducta y como tal se puede aprender y/o modificar. Los adultos tenemos la obligación de enseñar a dormir a nuestros niños de igual manera que les enseñamos a comer. Por tanto, es importante desde el principio establecer una buena higiene del sueño y establecer una serie de rutinas adecuadas.

Pero, ¿cuántas horas debe dormir mi hijo?

Lo primero es aceptar que cada persona es individual e irrepetible y por lo tanto con unas necesidades diferentes en todo, también en las horas de sueño. En general debemos aceptar que el tiempo óptimo de sueño en cada persona es aquel que llegue a ser reparador, es decir, que permita un adecuado descanso.
Como norma general las horas de sueño van disminuyendo con la edad. Así los recién nacidos suelen dormir 16-18 horas al día (prácticamente el tiempo que no están comiendo, están durmiendo). A los 2 años los niños suelen dormir alrededor de 13 horas. Los niños de entre 3-5 años duermen un promedio de 10-12 horas. Entre los 6-10 años los niños duermen alrededor de 10 horas y los adolescentes suelen dormir 8-9 horas.
Además este número orientativo de horas de sueño se pueden ver modificadas por diferentes circunstancias como el estado de ánimo, las enfermedades, …

Y, ¿cuántas veces se puede despertar mi hijo?

Es frecuente que los niños tengan despertares nocturnos, especialmente lo más pequeños.  Entre el 20-40% de los niños menores de 3 años se despiertan por la noche, porcentaje que va disminuyendo con la edad (15% a los 3 años y 2% a los 5 años).

Entonces, ¿cuándo debo pensar que mi hijo tiene un problema con el sueño?

Cuando los problemas del sueño repercutan en su “vida normal”, es decir, notemos al niño irritable, cansado, con alteraciones del humor, somnoliento, ansioso o con dificultas para concentrarse en niños más grandes.
También consideraremos que existe un trastorno del sueño cuando estas dificultades del sueño dificultan la relación del niño con sus iguales o la relación padres-hijo se ve alterada.

Debo repetir nuevamente que la mayoría de los trastornos del sueño son debidos a malos hábitos de sueño, que son modificables simplemente reeducando los hábitos.

En cualquier caso si tenemos dudas, debemos consultar con nuestro pediatra que si lo considera nos parará un test considerando número de despertares, ronquidos, somnolencia diurna, …

Mención aparte merecen otros trastornos también normales como son el sonambulismo, los terrores nocturnos, …

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¿Doctor, está mi hijo protegido de la difteria?

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Esta es una pregunta que me están haciendo los padres frecuentemente a raíz del caso del niño hospitalizado de 6 años de Olot (Girona).
Afortunadamente en mi vida profesional no he tenido que asistir ningún caso de difteria pero me gustaría aclarar que:
– Es una enfermedad infecto-contagiosa, producido una bacteria llamada Corynebacterium dihtheriae.
– Se transmite a través de la saliva o a través de las gotas de Plfluge (gotitas de saliva que soltamos al estornudar o toser.
– Es una enfermedad que afecta exclusivamente a los humanos, fundamentalmente a niños menores de 5 años y adultos mayores de 60.
– Existen básicamente 2 formas de presentarse, la difteria clásica que afecta fundamentalmente a la laringe y las amígdalas, produciendo gran inflamación del paladar unas pseudomembranas grisáceas que pueden obstruir la vía respiratoria y que además se puede acompañar de afectación del corazón, los riñones y de polineuritis (inflamación de los nervios) y la difteria cutánea en la que se produce una infección casi siempre leve de la piel.
– Los síntomas son inicialmente un fuerte dolor de garganta y posteriormente puede haber dificultad para respirar, tos y dificultad para tragar. También aparece fiebre e hinchazón de los ganglios del cuello

Dicho todo esto, ¿existen motivos para alarmarse? Afortunadamente,  NO.
El calendario de vacunación español incluye el toxoide de la difteria, casi siempre en combinación con la del tétanos y la tos ferina. Se administran 3 dosis en el primer año (a los 2, 4 y 6 meses), otra dosis entre los 15-18 meses.  Otra dosis a los 4 años y una de refuerzo a partir de los 12 años. Posteriormente, en adultos, se recomienda una dosis (junto con el tétanos) cada 10 años.

En España se calcula que alrededor del 95% de la población está protegida contra la enfermedad. Pero sí es el momento de recordar la IMPORTANCIA DE LA VACUNACIÓN. Afortunadamente se están consiguiendo tasas de vacunación muy altas, de tal manera que incluso los niños no vacunados se “aprovechan” de esa inmunidad de grupo, como comentamos en el artículo de la varicela.
En España, a principios del siglo pasado morían cada año unas 5.000 personas a causa de la difteria y gracias a la vacunación masiva  se había conseguido que en España el último caso de difteria se produjese en 1987. Y así con otras tantas enfermedades como el tétanos, la tosferina, la polio, hepatitis, … que están incluidas en el calendario vacunal.
Son probablemente las vacunas los fármacos que más controles (ensayos clínicos) pasan antes de aprobarse para ser administradas por tanto animo a  COMPLETAR EL CALENDARIO VACUNAL  recomendado por el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría.

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