Para gustos, los colores…

“¡Doctor, estoy supercontenta; Ahora sí que estoy tranquila porque, por fin, Martín ya me coge el pecho estupendamente!”

“¡Doctor, estoy superféliz porque ya, por fín, Laurita no quiere el pecho!”

 

“¡Doctor, estamos muy preocupados porque Darío toma siempre de postre yogur!”

“¡Doctor, dígaselo usted! ¿Verdad que Alba debe tomarse al menos un yogur después de comer?”

 

 

“¡Doctor, no sabe cómo disfrutamos de tener a Pablo en la cama con nosotros!”

“¡Doctor, qué desesperación! María sólo duerme en la cama con nosotros, ¿qué podemos hacer?”.

 

“¡Doctor, Alba ya tiene 6 meses, ¿Podemos empezar a darle comida sólida?

“¡Doctor, ¿entonces Juan ya puede comer sólido? Pero si sólo tiene 18 meses”

 

“¿Doctor, no le puede mandar a Álvaro un jarabe para las ganas de comer? Tiene 2 años y peso sólo 12 kilos!”

“¡Doctor, a este niño habrá que frenarle un poco con la comida, ¿verdad? Es que tiene 2 años y pesa ya 11 kilos!”

 

Podría poner cientos de ejemplos más.

 

¿Qué divertido es pasar consulta?

No paro de aprender con cada madre, con cada padre, con cada familia.

 

¡Cuántas maternidades, todas diferentes!

¡Cuántas familias, cada una distinta!

¡Cuántas paternidades, en nada se parecen!

¡Cuántas modelos de crianza, ninguno igual!

¡Bendita diversidad!

 

Pero entenderéis que así no puede existir un manual de instrucciones para la crianza, ¿verdad?

¡Benita sencillez, bendita normalidad y bendita rutina!

Mi vida es tan normal como la de cualquier otro padre. Mis problemas cotidianos son como los vuestros: actividades extraescolares, conciliación laboral cero patatero, hipoteca, discusiones de pareja, …

Precisamente esa “normalidad” hace que mi vida, como la vuestra, sea extraordinaria.

Hay circunstancias en mi vida que me hacen valorar mucho esa sencillez, esa normalidad, esa rutina.

¡Nos empeñamos en ofrecerles a nuestros hijos situaciones extraordinarias (cumpleaños extraordinarios, viajes extraordinarios,…) pero lo que más recordarán cuando sean mayores serán los momentos cotidianos, la sencillez del día a día!

Acompañarles al colegio o recogerles a la salida, un cuento antes de dormir, tirarte al suelo cuando llegas a casa para jugar con ellos,… son situaciones que nos agotan y de las que nos quejamos pero son las que ellos más recordarán de mayores.

También nosotros recordaremos y echaremos de menos esos momentos cotidianos. Pero en el día a día, con el estrés de vida que llevamos, estos momentos cotidianos pareciera que nos están robando parte de nuestras vidas, nos desquician, provocan incluso discusiones de pareja.

En este punto sí que me siento afortunado. Reconozco que las situaciones que vivo en mi trabajo con mucha frecuencia no son muy agradables que digamos. Reconozco, también, que muchas veces en esas situaciones me gustaría esconder la cabeza como un avestruz y decir “tierra trágame” pero tengo que afrontarlas.

“¡Qué carajo!, ¿¡a quién le gusta dar malas noticias!?”

En lo que va de semana podría contar ya varios casos que marcarían a cualquiera de por vida: maltrato físico infantil, abusos sexuales, dos estrellas más que nos iluminan desde el cielo, infartos en los familiares de esos niños tras recibir estas noticias, diagnóstico de enfermedades de muy mal pronóstico,… 

Estas situaciones, más allá de lo difícil y dramático del momento, te dejan siempre una gran enseñanza, nunca te dejan indiferente.  

Estas vivencias tan intensas te hacen relativizar mucho los problemas del día a día. Muchas de las situaciones que podrían provocar una discusión familiar te parecen pecata minuta. Ves cuáles son las cosas importantes de la vida.

Estas experiencias te hacen tener los pies en el suelo y valorar los pequeños detalles de la vida cotidiana: una tarde en el parque, una guerra de almohadas, un beso de buenas noches…

A estas “pequeñas” cosas sólo le das el verdadero valor cuando ves que de un  momento a otro las puedes perder.

Pocas cosas merecen “verdaderamente” la pena: tu familia, tu pareja, tus hijos y tus verdaderos amigos. Pocas cosas más, Insisto, pocas cosas más.

 

Estas situaciones hacen tambalear todos los cimientos de tus sentimientos y te dicen:

“¡Espabila y vive este día como si fuera el último!”.

No te acuestes ni un día más sin haber demostrado a todas las personas que de verdad te importan cuanto les quieres.

 

 

La gripe.

Pero…,¿los niños tienen gripe?

Pues claro. Estamos tan acostumbrados a que los niños menores de dos años tengan mocos que la mayoría de las veces el diagnóstico pasa desapercibido. A todas las familias con hijos pequeños os será familiar la siguiente retahíla: “Mocos otra vez, doctor. Ya hasta me da vergüenza venir. Me voy a tener que comprar una casa al lado del hospital. La semana pasada estuvimos con mocos y tos y ahora ha comenzado con fiebre y los mocos y las toses siguen”.

¿Cuáles son los síntomas?

En los niños más pequeños los síntomas son muy inespecíficos: fiebre (a veces alta) sin foco evidente, malestar, tos, diarrea, vómitos. Es por eso que, en ocasiones, es difícil diferenciarlo de un cuadro de gastroenteritis o de un cuadro catarral.

En los niños más mayores los síntomas son parecidos: fiebre alta, tos, dolor de cabeza, mucosidad, dolor de garganta, malestar general y mialgias pero es más fácil de diagnosticar porque ya expresan cómo se sienten (“me duele todo el cuerpo”).

¿Cómo se contagia?

La gripe es una enfermedad vírica con una alta tasa de contagiosidad. Se contagia por contacto con secreciones respiratorias (saliva, pequeñas gotitas que soltamos al hablar o estornudar, …) de alguien que la esté padeciendo. Debido a algunas actitudes propias de los niños (chupar juguetes que luego cogen otros niños y los vuelven a chupar, estornudar o toser sin taparse la boca,…) , se contagian (y nos contagian) con mucha frecuencia. Casi el 80% de los casos de gripe cada año son niños.

¿Cómo se trata?

El tratamiento de la gripe, como el de casi todas las virasis, es sintomático.

No se trata con antibióticos puesto que es una infección vírica. No existe tratamiento curativo. En estos casos lo que hacemos es aliviar mientras nuestras propias defensas se cargan al virus.

Como en todas las virasis conviene:

  • Tratar con antitérmicos la fiebre si es incómoda. La obsesión (como ya expliqué en este vídeo) no debe ser controlar la temperatura sino mejorar el malestar que produce la fiebre.
  • Hidratación: es muy importante hacer una ingesta adecuada y abundante de líquidos. Las secreciones serán fluidas y por tanto más fáciles de expulsar. Si existe n vómitos o diarrea nos servirá para rehidratar.

¿Cuándo debemos preocuparnos? 

Uno de los hechos diferenciales de la gripe con respecto a otras virasis es que la fiebre suele ser más alta y el cuadro suele durar más tiempo que en otras ocasiones. Si la mayoría los cuadros víricos suelen estar resueltos en 3-4 días, en el caso de la gripe la duración media de los síntomas es de una semana.

Debemos estar alerta y consultar al pediatra si:

  • el niño se encuentra muy decaído.
  • después de 4-5 días con fiebre, ésta va a más.
  • la tos se hace cada vez más intensa o persitente o empieza a aparecer dificultad para respirar.
  • aparecen manchitas en la piel (en la gripe no deben salir manchitas en la piel).

¿Se pude hacer algo para prevenir?

Por un lado debemos intentar prevenir el contagio (lavarse las manos, toser con el codo,…)

Por otro lado disponemos de la vacuna de la gripe para prevenir el contagio.

 

¿Quién debe vacunarse de la gripe?

Puede vacunarse la gripe cualquier persona mayor de 6 meses que no presente ninguna contraindicación para la vacuna.

En Estados Unidos la Academia Americana de Pediatría recomienda la vacunación universal para todo los niños mayores de 6 meses, sin embargo en Europa no se recomienda la vacunación universal.

Las recomendaciones actuales del Comité asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría dicen que se recomienda la vacunación de la gripe en los siguientes niños que se encuentren dentro de los siguientes grupos de riesgo (puedes leerlas más ampliadas pinchando aquí):

  • Niños prematuros nacidos con menos de 35 semanas de edad gestacional, en los primeros años de su vida.
  • Niños con enfermedades crónicas respiratorias (asma, bronquitis de repetición, displasia broncopulmonar,…), metabólicas (por ejemplo la diabetes), renales, hepáticas, reumatológicas, neuromusculares.
  • Niños sin bazo.
  • Niños con implantes cocleares.
  • Niños inmunodeprimidos.
  • Niños con síndrome de Down.
  • Niños malnutridos o con obesidad mórbida.

Además quiero hacer dos consideraciones sobre dos grupos de riesgo que habitualmente asisten a la consultas de pediatría y leen este blog:

  • Si estás embarazada debes vacunarte de la gripe.
  • Si eres un abuelo de más de 65 años debes vacunarte de la gripe, por tu salud y por la de tus nietos.

 

Comparte esta información si crees que es útil.

Los niños son para las madres.

Pocas cosas en la vida te cambian tan rápido y para siempre como tener un hijo.

Si hubiese que dividir la vida en dos etapas serían: antes y después de ser madre/padre.

Los éxitos o los fracasos en lo laboral, en lo social, en lo deportivo, … son transitorios.

Pero la maternidad/paternidad, es para toda la vida.

Una vez que se es madre descubres en ti sentimientos que no pensabas que tenías dentro…

¡Se quiere tanto a un hijo! ¡Y es un amor tan diferente al resto de los amores!

“¿Sabes por qué la maternidad/paternidad es tan importante?”

Porque en paritorio o en quirófano es un lugar “transformador”. Allí te conviertes en un ser diferente. Ya nunca vuelves a ser la misma persona. De repente sientes que en un momento ha cambiado tu escala de prioridades. Dejas de ser “TÚ” para ser “NOSOTROS”. Pero un “nosotros” muy especial, un “nosotros” sin condiciones, un “nosotros” para siempre.

Claro que la maternidad/paternidad y la crianza es dura, MUY DURA diría yo. Pero casi siempre el que suponga un sacrificio enorme viene determinado socialmente. La sociedad (¡ojo, que la sociedad somos todos!) se ha encargado de cargar sobre la madre todo el ejercicio de la crianza. Está claro que las mujeres son las que engendran, paren y tienen la capacidad de amamantar naturalmente a las crías. Pero la crianza es más que eso. Afortunadamente la sociedad está avanzado muy poco a poco, pero el hecho de que la mujer se haya incorporado al mundo laboral no ha ido acompañado de que los hombre se incorporen al mundo de la crianza. Claro que no se puede generalizar, también existen muchos padres maravillosos que no sólo están presentes sino que “crían” a sus hijos. Es decir, padres que no sólo que colaboran en la crianza sino que asumen de verdad su rol, el de padre.

En general la conciliación, el reparto de las tareas, la renuncia en lo laboral y en el resto de las facetas de la vida,… ES UN PROBLEMA DE MUJERES.

Tengo que decir alto y claro que, a día de hoy, la crianza está en manos de las mujeres.

Pero también tengo que decir que quien renuncia a las “obligaciones” de la crianza también renuncia a los mayores placeres de la vida, porque criar también es…

… acariciar esas manos gorditas y saber que esa maravilla es parte de ti.

… oler su piel y sentir que no hay otra fragancia ni perfume en el mundo que sea capaz de despertar en ti tantos sentimientos tan profundos y tan positivos.

… poder compartir cada uno de los progresos de cada etapa de su vida.

… tener a tu lado a una persona que TE QUIERE sin poner condiciones, una persona que TE QUIERE DE VERDAD.

 

Comparte si piensas que la crianza debe ser cosa de dos.