¿Sabes diferenciar los terrores nocturnos de las pesadillas?

“Doctor, estamos muy preocupados, Javier lleva tres noches que a las dos horas de estar dormido comienza a gritar, llorando, con la cara desencajada, sudando,… con los ojos abiertos, pero parece que no nos escucha, ¿qué podemos hacer?”.

Por si no era suficiente con los despertares debidos a las tomas nocturnas, ahora que había comenzado a dormir del tirón, resulta que empieza otra vez a despertarse soñando, muerto de miedo, piensan la mayoría de las familias.

Aclaremos el tema, ¿se despiertan o no se despiertan?. Lo que sí está claro es que LOS PADRES SÍ SEGUIMOS DESPERTÁNDONOS.

Veamos la diferencia entre las pesadillas y los terrores nocturnos.

Los terrores nocturnos son episodios , de pocos minutos de duración, que aparecen súbitamente durante el sueño y en los que el niño está aparentemente está aterrorizado. Tienen cara de pánico y además suelen presentar signos como taquicardia, sudoración, respiración rápida,.. Estos episodios ocurren en la primera fase del sueño, normalmente en las 2-3 primeras horas, que es la de sueño más profundo. Finalizan de forma espontánea y, LO MÁS IMPORTANTE, EL NIÑO NO ES CONSCIENTE (aunque mantiene los ojos abiertos ni ve ni oye) Y NO RECUERDA LO OCURRIDO.

Por tanto, no debemos hacer nada, NO DEBEMOS INTENTAR DESPERTARLO, ya que podemos provocar el efecto contrario (agitarlo más). Sólo debemos permanecer al lado, en silencio, hasta que se le pase, cuidando de que por la agitación no se golpee. EL NIÑO SUELE VOLVER A QUEDARSE DORMIDO SIN DIFICULTAD.

Es mejor no comentarles nada a la mañana siguiente porque podemos provocar que el niño no quiera ir a dormir al cuarto.

Estos episodios suelen ocurrir en niños en edad escolar, es decir, a partir de los 3-4 años y DESAPARECEN SÓLOS.

Suelen tener antecedentes familiares, es decir, si le preguntamos a la abuela nos dirá que el padre o la madre también lo “sufrieron”.

 

Conviene diferenciar claramente los terrores nocturnos de las pesadillas.

 

Las pesadillas son ensoñaciones que producen miedo o ansiedad. Suelen ocurrir en niños entre 3-6 años. En este caso el niño SÍ LLEGA A DESPERTARSE, y suele explicar con detalle lo que estaba “viendo”. Sí recuerda lo que estaba soñando y, en ocasiones tienen dificultades para diferenciar el sueño de la realidad. Por este motivo es frecuente que el niño NO QUIERA VOLVER A QUEDARSE DORMIDO, por miedo a volver a tener otra pesadilla.

Por tanto en estos casos debemos explicarles que sólo era una pesadilla, debemos tranquilizarlos y transmitirles calma y seguridad. En ocasiones el dejarles una luz tenue encendida o dejarles con un objeto que les aporte seguridad puede reducir el miedo y la resistencia a volver a quedarse dormidos.

Las pesadillas suelen a parecer en la fase final del sueño, cuando ya llevan 6-7 horas durmiendo.

Tanto las pesadillas como los terrores nocturnos pertenecen al grupo de procesos llamados parasomnias, es decir, situaciones “normales” durante el sueño, pero la mejor manera de prevenir estos procesos es establecer una buena higiene del sueño:

– Establecer unas rutinas de horarios de sueño y una duración de horas de sueño suficientes. (Ya hablé de esto en el post “¿Cuántas horas deben dormir los niños?” Puedes leerlo pinchando aquí).

– El momento de acostarse debe estar precedido de un periodo tranquilo, de relajación, que les ayude a conciliar el sueño. Podemos hablar de situaciones agradables ocurridas durante el día y evitar hablar de situaciones estresantes o cuentos de miedo.

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¡¡Hoy es “mi cumpleaños”!!

Hoy estoy de cumpleaños. Es el séptimo cumpleaños de mi “segunda paternidad”.

Creo que no sólo debe celebrarlo mi hija, que por supuesto es la protagonista principal.

Creo que yo también (y mi mujer, por supuesto) debo celebrarlo porque hace siete años mi vida volvió nuevamente a cambiar. O mejor, hace siete años mi vida volvió a mejorar.

El nacimiento de un segundo hijo trae muchísimas enseñanzas.

Para empezar, se reviven las sensaciones del primer parto, pero con un sentimiento muy raro. Es igual pero diferente. Sí, también me quemé al coger a María (mi mujer suele reprocharme, con cariño, que en cuanto nació la agarré y no se la daba).

Pero sobre todo el nacimiento de un segundo hijo, te muestra de una manera muy clara, que el amor por un hijo se multiplica por el número de hijos, nunca se divide ( a pesar de que muchas mamás lo pasen fatal en las primeras semanas del nacimiento del segundo por el sentimiento de abandono del primogénito). Te enseña en un instante que el miedo a no poder querer a otra persona igual que querías a tu primer hijo se disipa rápidamente.

Te enseña, además, que cada maternidad-paternidad es un mundo. Depende de muchas circunstancias. Depende de la diferencia de edad con el primero, depende de tu momento vital, depende… de muchas cosas. Esto me ha enseñado mucho de la vida y son enseñanzas que puedo aplicar en mi trabajo diario como pediatra.

¡¡De cuantas maneras se puede vivir la maternidad-paternidad!!

Una situación idéntica puede ser vivida con gran tranquilidad o gran angustia por dos familias diferentes. Incluso una misma familia puede vivir una misma situación de una forma completamente distinta en función de las circunstancias.

El día del cumpleaños es también un momento de revivivir momentos, de recordar . Ves fotos y recuerdas momentos. ¡¡Cuánto vivido!! Con el tiempo las buenas ganan en intensidad y las menos buenas (malas noches, rabietas, fiebres,…) se acaban olvidando hasta el punto de casi desearlas. Pero los  hijos se deben ir educando para que crezcan. Su crecimiento es irremediable. No siempre serán bebés y cada etapa tiene su magia. Pero en días como este te das cuenta de que el tiempo pasa demasiado rápido y cada día que pasa no vuele, cada beso que no se da se ha perdido para siempre.

Los niños nos hacen mejores personas (y en mi caso creo que mejor pediatra por la capacidad de empatizar).

No puedo imaginar cómo habría sido mi vida sin ellos pero sí puedo estar seguro de que no habría sido tan completa.

¡¡Felicidades, María!!

¡¡Felicidades, mama!! Tú también has mejorado mucho en estos siete años.

¿Qué es mejor, la teta o el bibe?

Vaya por delante que no seré yo quien juzga a una madre por el método de alimentación que sigue.

Tampoco me atreveré a juzgar a ninguna familia si portean a su bebé o lo llevan en un carrito, si son muy hippies o son muy pijos, si hacen BLW o le ofrecen purés, si lo llevan a un colegio público o a un colegio privado …

Ya he hablado en otras ocasiones sobre esto (Puedes leerlo haciendo clic sobre el título de esta entrada: “¿Y tú eres de pecho o de bibe?”).

De la misma manera que se es igual de madre, faltaría más, sea el parto por cesárea o por vía vaginal, sea madre biológica o madre que adopta….

Una vez que he dejado claro que una madre es tan madre tanto si le da el pecho como bibi, haré una serie de comentarios sobre la lactancia materna o artificial.

La lactancia materna no necesita ser defendida. Tomar el pecho es lo que toca una vez que un bebé nace.

De la misma hay que explicarle a una gata que tiene que darle la teta a sus gatitos, ni explicarle a una perra que tiene que darle la teta a sus perritos. No habría que explicarle a una mujer que tiene que darle la teta a sus bebé. Es algo instintivo o, debería ser algo instintivo. Precisamente este creo que es uno de los problemas de la maternidad o la crianza de los humanos, que no nos dejamos llevar por los instintos. Intentamos razonarlo todo. Y hay cosas que no necesitan ser razonadas. Son así porque las leyes de los naturaleza las han hecho así. Lo queramos o no.

Con respecto a los beneficios de la lactancia materna no hace falta que entre en la composición química y biológica de la leche materna. Es la leche de nuestra especie. De la misma manera que no hay que defender que lo normal es que un ternero mame de la vaca o un gatito mame de la gata. Nos llama mucho la atención cuando criamos a un gatito entre una camada de cerditos, o criamos a un conejo entre una camada de perritos. Pues cuando un niño toma leche de fórmula está tomando leche de otra especie. Casi siempre de vaca , aunque puede ser de cabra u otros mamíferos.

Se utiliza la leche de vaca por que es “la más parecida” a la nuestra y la que desde el punto de vista comercial es más rentable.

No hay ningún alimento que haya ido evolucionando y perfeccionando tanto a lo largo de los miles de millones de siglos de historia de la humanidad como la leche materna.

La leche de fórmula se fabrica con leche de vaca a la que se le hacen una serie de modificaciones para que se parezca lo máximo posible a la leche materna.

El hecho de que estén haciendo leches de fórmula “plus”, “forte”,… y “no sé qué cuantas cosas más” hace pensar que las leches anteriores que no eran tan “megasúper” les faltaba algo, ¿no?.

Pero lo que realmente es una pena es que una lactancia materna no se lleve a cabo por un mal asesoramiento. Y esto no es culpa de la madre sino del pediatra o cualquier otro profesional sanitario que se dedique al asesoramiento sobre la lactancia. Además en estas ocasiones el médico queda como un dios y la madre queda frustrada porque a “fracasado” en su intento de lactancia.

Dicho todo esto resumiré diciendo que dar la teta es lo que las leyes de la naturaleza habían diseñado como alimentación de un bebé, pero esto no significa que haya que culpabilizar a una madre por no dar el pecho.

Insisto, casi siempre que una lactancia se interrumpe es por un mal asesoramiento, de lo cual la madre no tiene ninguna culpa.

Cada familia, especialmente la madre (ya que es la que está directamente implicada) debe decidir el método de alimentación que quiere para sus bebés.

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¿Somos gilipollas? (Perdón). El nuevo reto que se ha hecho viral en internet.

No salgo de mi asombro.

¡¡Hasta donde puede llegar la imbecilidad de la especie humana!!

¿Los adultos somos gili… o qué? (Perdón, pero es que creo que no tenemos otro calificativo)

Una barbaridad más.

Ya he visto últimamente muchos tipo de barbaridades: niñas adolescentes jugando al muelle, niños que juegan a comprimirse el cuello asfixiándose, … y ahora otra nueva moda de “reto” que ya se ha cobrado su primera víctima infantil en Estados Unidos (podéis leer la noticia pinchando aquí).

Os resumo: Una niña de 8 años que, junto a una amiga y tras visualizar en internet uno de estos retos, deciden ponerlo en práctica con resultado fatal tras las quemaduras.

¿Sabéis lo grave que pueden llegar a ser las quemaduras?

Por dios, hagamos que las redes sociales sirvan para difundir información contrastada y de calidad, o humor si queréis pero no para darle visibilidad a este tipo de barbaridades. Existen multitud de vídeos de adultos echándose agua hirviendo por lo alto y que se hacen virales .

Por favor, insisto por enésima vez, INTENTEMOS LOS ADULTOS SER EJEMPLOS PARA LOS NIÑOS.

NO compartid ni, por supuesto, haced retos de este tipo.

Comparte, por favor.

Doctor, ¿a qué edad debo sacar a mi bebé de mi cuarto?

La respuesta a esta pregunta, como tantas otras relativas a la crianza, no pueden ser generales. Depende de muchas circunstancias pero una premisa es básica si no queremos vivir otra situación más de la crianza con la maldita sensación de CULPA: un bebé podrá salir del cuarto cuando una familia, especialmente la madre, se sienta preparada y convencida para hacerlo.

Plantear un fecha o edad exacta para sacar a un bebé del cuarto lo único que generará es un estrés innecesario en la crianza del bebé. Cada bebé es diferente (existen bebés muy tranquilos, bebés de alta demanda,…) y las circunstancias familiares también son diferentes (hay que considerar si ambos padres trabajan, si la familia es monoparental,…)

El modelo de crianza de hoy día, con ambos padres trabajando en la mayoría de los casos, hace que se toleren mal, en general, las “malas noches”. En cuanto la baja maternal se termina (4 meses en la mayoría de los mejores casos) muchas familias se empiezan a plantear o a desear sacar al bebé del cuarto. Inicialmente el deseo es que el niño aguante toda la noche sin hacer ninguna toma nocturna (“Doctor, habrá que meterle ya los cereales que duerma del tirón, ¿no?”). Creo que con este tipo de deseos iremos evolucionando hasta que podamos poner a los niños por la noche en “modo avión”.

Pareciera que la única necesidad básica de un bebé fuera la comida. Esto no es así, en absoluto. Existen algunas necesidades tan básicas y tan primordiales como la comida, por ejemplo el apego, entendiéndolo como contacto físico, como el sentimiento de protección que necesita una cría.

Para entender todo esto, como en la mayoría de las dudas sobre la crianza en las primeras semanas o meses de vida, basta con observar cómo se comportan en situaciones similares el resto de los mamíferos (en los cuales no influyen las “modas” ni la opinión de la cuñada, de la suegra, ni de la vecina del cuarto).

Pensad en una camada de gatitos, o perritos,… o cualquier otro mamífero. ¿Dónde duermen? Pues eso, en el regazo de la madre hasta que de manera natural se van “despegando” de ésta. Es decir, el colecho es absolutamente normal en la crianza de los mamíferos.

A priori se tiende a pensar que el estrecho vínculo que establece los bebés con su madre se deben sobre todo a la necesidad de ser alimentados pero esto no es así. Ya desde los años 60, gracias a los experimentos del neuropsicólogo Harry Harlow con los monos reshus conocemos que en las necesidad básicas de los primates (que son los animales más parecidos a nosotros) es más importante el regazo que la propia alimentación.

Si veis el vídeo que os muestro a continuación sobre las crías de estos animales criados en soledad (sin sus padres, sobre todo sin su madre) veréis cómo cuando se les da acceso a la madre que alimenta (una estructura metálica con forma de mona y un biberón) y a la que aporta regazo (estructura de trapo, con pelo y sin alimento, con forma de mona), prefieren claramente a la segunda, a la mona de pelo, de trapo, la que aporta regazo.

Y una observación más, cuando se les introduce en la jaula un objeto peligroso (en este experimento una especie de robot) se observa cómo buscan inmediatamente a la mona de pelo. El regazo les aporta seguridad.

Todo este razonamiento sobre el apego no es sólo aplicable al momento de sacar del bebé de nuestra cama o nuestro cuarto sino sobre la maldita recomendación de “No lo cojas cuando llora que se va a acostumbrar a los brazos”. Sobre esto ya escribí otro artículo que podéis leer pinchando aquí.

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¿Qué hacer y qué no hacer ante una rabieta?

Hace unos meses escribía un post (¿cómo controlar las rabietas?, que podéis leer pinchando aquí) donde os contaba un ejemplo real de una rabieta y os describía cuál era el comportamiento de cada una de las partes implicadas:

  • La niña. Pobrecilla, maldita edad.
  • Los padres. Pobres padres, también. Al mal rato de verse desbordados por la rabieta de la niña hay que sumarles el bochorno de sentirse observados y juzgados.

  • El público”. Estos no me dan pena. ¡Qué fácil es ver los toros desde la barrera! ¡Con qué alegrías opinamos sobre los demás!

Intentaré de nuevo aclarar por qué se producen las rabietas y qué podemos hacer ante ellas.

Si entendemos cómo funciona el cerebro de un niño y entendemos las fases del desarrollo cerebral probablemente dejemos de buscar soluciones mágicas para el control de las rabietas y lo que es mejor, dejaremos de culparnos como malos padres (“pero… ¿qué estamos haciendo mal?, ¿estaremos siendo muy permisivos?”) y dejaremos de culparles a ellos como malos hijos (“¡Vaya tela lo malcriado que está este niño! ¡Está demasiado mimado!”).

Quizás no venga al caso hablar con detalle que cuáles son las regiones del cerebro, cuáles son las funciones de cada una de ellas y a qué edad se desarrollan. Pero para entender por qué se produce una rabieta puede ayudarnos conocer algunos conceptos del cerebro de los niños y su desarrollo.

Simplificando, podemos decir que existe un cerebro emocional y un cerebro racional.

El cerebro emocional, más primitivo, es el que predomina en los niños más pequeño. Se activa para buscar emociones agradable (por eso un bebé pequeño desea la teta o el biberón, o un niño 2 años desea intensamente una piruleta)

El cerebro racional, más evolucionado (esto nos distingue del resto de los animales), que comienza a desarrollarse a los 3-4 años. A partir de esa edad el niño ya es capaz de comenzar a guiarse por la intuición, comienza a razonar y, por tanto, comienza a tolerar la frustración.

Estos dos cerebros están conectados por circuitos que serán los encargados de integrar y modular la parte emocional y racional de cada situación.

Vemos, entonces, que existe una edad, entre los 2 y los 3-4 años donde el niño es capaz de desear las cosas con intensidad pero aún no ha desarrollado la capacidad de razonar y tolerar la frustración y por eso en esa etapa se producen las rabietas.

Debemos los padres entender que el problema de las rabietas no es una problema nuestro de permisividad o malcrianza, sino una etapa normal del desarrollo cerebral del niño y que, por tanto, el tiempo lo arreglará.

Entonces, ¿no podemos hacer nada ante una rabieta?

Claro que sí. Con la tranquilidad que debe suponer el saber que tiempo corre a nuestro favor, los padres debemos utilizar estrategias que faciliten (o al menos no bloqueen) la comunicación entre el cerebro emocional y racional del niño.

En primer lugar, debemos estar dispuestos a ceder. Si lo pensamos muchas de las rabietas se producen porque tratamos como niños mayores a los niños pequeños, sin capacidad de razonar y que son, por tanto, incapaces de entender cualquiera de las explicaciones que les demos.

Somos, se supone, los adultos los que ya tenemos el cerebro bien desarrollado y debemos por tanto modular nuestro comportamiento. No debemos perder el control. Si en ese momento les gritamos o les zarandeamos, estaremos bloqueando cualquier posibilidad de conectar con ellos y estaremos fomentando aún más su rabia y bloqueando cualquier conexión que pudiera existir entre el cerebro emocional y racional.

Si por el contrario intentamos empatizar con ellos, nos bajamos a su altura, les intentamos mirar a los ojos y les hacemos entender que comprendemos y aprobamos sus sentimientos estaremos abriendo circuitos de comunicación entre el cerebro racional y emocional. No es el momento de razonar con ellos. Tiempo habrá cuando estén tranquilos de hablar con ellos y explicarles por qué eso que pedían no se podía conseguir. De todas maneras debemos recordar que la mejor manera de explicarles es con nuestro ejemplo. No siempre nos escuchan pero siempre, absolutamente siempre, nos observan.

Con respecto al contacto físico en esos momentos tenemos que ver qué nos están pidiendo. Si en ese momento están tan enfadados que no quieren que les toquemos debemos saber respetarles. Intentar inmovilizarles en ese momento puede ser un gesto más que empeore, y mucho, la rabieta. Sin embargo, si vemos que buscan que les cojamos, un abrazo sincero puede ser el inicio del fin de la rabieta. Este abrazo puede ser la mejor manera de conectar con sus sentimientos. Si logramos calmarlo estaremos creando vías de conexión entre el cerebro emocional y racional.

En resumen, comprende que un niño entre los 2 y los 3-4 años es ABSOLUTAMENTE NORMAL que tenga rabietas y que la mejor manera de “desmontárselas” es intentar conectar con sus sentimientos y educar con el ejemplo.

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¿Desde cuándo pueden comer trocitos los bebés?

Este es un tema de absoluta actualidad, aunque en realidad es más antiguo que el hilo negro. A cualquiera de nuestras abuelas le llamaría mucho la atención que estuviésemos hablando a estas alturas de la película de este tema.

Fácil, han sido existido millones de generaciones que han sobrevivido antes del invento de la turmix. Eso sí, si lo llamamos Baby Led Weaning parece más moderno. Ya hablé de esto en el artículo “Doctor, ¿es usted partidario del Baby Led Weaning?. Puedes leerlo pinchando aquí.

Os dejo un ejemplo de situación muy frecuente en la consulta:

– Doctor, ¿a partir de qué edad puedo darle trocitos a mi bebé?

– Desde el mismo momento que el bebé es capaz de manipular objetos y llevárselos a la boca está preparado para comer sólidos. Esto suele ocurrir aproximadamente a los 6-7 meses, cuando además ya comienzan a sentarse y las manos quedan libres para poder manipular los objetos.

– ¿¡¡¡Cómo!!!?¿¡pero se atragantará,no!?

– Pues claro, de la misma manera que se caerá cientos de veces un niño que está empezando andar y no por ello debemos de privarlo de esa enseñanza.

– Pero, doctor, a mi me da mucho miedo de que se ahogue.

– Lo entiendo pero no hay ninguna medicina mágica que le quite el miedo a los padres. Lo que sí puedo explicarle es por qué no deberías tener miedo.

Mire, como le he dicho antes, desde el mismo momento que el bebé es capaz de manipular y llevarse objetos a la boca, está en riesgo de atragantamiento. Este riesgo más que miedo debería despertar en los padres el deseo de enseñar a sus hijos a gestionar sólidos en la boca, precisamente para que no se ahogue.

Afortunadamente, la evolución ha perfeccionado mucho la maquinaria humana existen reflejos que hacen que no sea fácil que un niño se ahogue. Hay que destacar que no es lo mismo atragantarse que ahogarse, de la misma manera que no es lo mismo caerse que matarse. Para aprender a tragar hay que atragantarse. Precisamente estos episodios de atragantamiento son los que va enseñando al niño cómo debe gestionar cada textura en su boca.

Si has intentado darle algo sólido a un bebé de tres meses (te puede haber pasado, por ejemplo, al darle con cuchara las gotas de vitamina D) habrás visto que tiende con la lengua a expulsar cualquier cosa de la boca. Eso es lo que llamamos el reflejo de extrusión, y gracias a él los bebés muy pequeños no se atragantan cuando intentamos darle sólidos.

– Entonces, ¿si a mi hijo de 15 meses le doy aun la comida triturada no aprenderá nunca a masticar?

– No, por supuesto que no. Está claro que al final todos los niños acaban comiendo sólidos. A día de hoy no conozco a nadie con 18 años que no sea capaz de comer sólidos. Tampoco creo que el comer los sólidos antes o después lo conviertan en un candidato más firme al premio Nobel.

– Si al final comerá sólidos, ¿por qué esta moda, ahora, del BLW?

– Porque si desde el principio enseñamos a tragar a un bebé, esté lo hará de una manera más natural. Lo aprenderá con menos sufrimiento. Si un bebé de seis meses se atraganta comiendo, inmediatamente después seguirá intentando comer, sin ningún drama. Sin embargo, si un niño de tres años se mete por primera vez algo sólido en la boca y se atraganta, el susto será tal que el berrinche que formará hará que no quiera probar en una temporada ningún otro sólido. Nos costará mucho más trabajo introducirlo.

– ¿Cuáles son entonces los alimentos que puedo utilizar para empezar?

– Hay que ir adecuando las texturas y los tamaños según el aprendizaje del bebé, de la misma manera que inicialmente para enseñar a andar a un bebé lo ponemos sobre un suelo firme y despejado.Lo más recomendable para empezar serían:

  • Los sólidos semi blandos (patata hervida, zanahoria hervida,..) es conveniente darlos en trozos pequeños ya que estos se pueden machacar con las encías o aplastar entre la lengua y el paladar y serán capaces de deglutirlos.

  • Los sólidos duros, que no se deshacen (carne,…) es conveniente darlos en trozos grandes, de manera que no le quepan en la boca. De esa manera lo que hará es sólo chuparlos o desgastarlos y de esa manera tendrá un primer contacto para saber gestionar ese tipo de texturas.

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Los niños no dejan de sorprendernos…

Hoy el día comenzaba así: Yo madrugaba porque me iba de guardia. Era una de esas guardias que no te apetece hacer porque una vez más iba a estar ausente en un acontecimiento familiar. En mi familia celebramos siempre el 15 de agosto santa María (es el nombre de mi segunda hija)

Mi sorpresa ha sido que alguien había madrugado más que yo. Cuando bajé a la cocina me encontré a mi hijo José escribiendo una tarjeta de felicitación para su hermana y preparándole un desayuno para llevárselo a la cama.

Continuamente me deja sin palabras.

“¡Qué grande eres, chaval!”

Ha sido uno de esos momento de calidad.

Ha sido un momento EXTRAORDINARIO.

El desayuno que estaba preparando era un desayuno ordinario, leche y magdalenas, pero que te lo lleven a la cama no es ordinario, es EXTRAORDINARIO.

Este año no había elaborado la tarjeta de felicitación artesanalmente pero tenía el mismo valor. Varios días antes había visto en una librería una tarjeta con un gran mensaje y había cogido dinero de sus ahorros para comprarla. Eso, eso también es EXTRAORDINARIO. Y desde luego, el mensaje que le escribe no puede ser más simple y a la vez más profundo.

¡Cuánta verdad hay en la mente de los niños!

¡Cuánta sinceridad hay en el corazón de los niños!

 

De camino al hospital, solo en la moto, vas pensando por un lado lo triste que es perderte una celebración familiar, pero por otro lado vas sintiendo el orgullo de que con personas así el “futuro” está asegurado.

Serás, hijo, una persona grande en la vida.

“Eres más grande cuanto más sensible eres”.

Sufrirás mucho, pero la resiliencia, hará que salgas victorioso de todos los sufrimientos.

Y esta misión sí que es nuestra, de los padres y madres, hacer a nuestros hijos resilentes. Quizá es una de nuestras misiones más importantes. Enseñarles a sobreponerse a las situaciones adversas. Hacer que cada “disgusto” lleve una enseñanza positiva.

 

Cuando llegas a una guardia después de este tsunami de sentimientos no puedes ver los niños como un autómata que sólo piensa en los síntomas físicos (“¿Tiene fiebre?” “Pues dele ibuprofeno”) sino que tiene que mirar más allá en cada situación.

Estos pequeños grandes momentos hacen que a cada niño, a cada familia, los valores mucho más.

Detrás de cada niño hay una gran historia de amor.

Detrás de cada niño hay mucha magia. La magia necesaria para convertir una situación ordinaria en una situación EXTRAORDINARIA.

PD: La foto que me mandaba mi mujer de la entrega del desayuno me ha emocionado tanto como a mi hija.

¡Qué suerte tenemos los adultos de poder disfrutar con la magia y la sinceridad de los sentimientos de los niños!

Feliz día a tod@s.

 

¿Cómo destruir la autoestima de nuestros hijos?

Os pongo en situación. El otro día, mientras descansábamos en la tumbona en la piscina, María, mi hija de seis años, me preguntaba sobre su hermana, Victoria, de 17 meses:

Papá, ¿Victoria tiene dignidad?.- me preguntó con gran preocupación.

¡Claro! María, ¿pero tú sabes lo que es la dignidad?.- le respondí con cara de no saber muy bien a qué venía esa pregunta.

Pues que piensa.- me dijo muy segura de su respuesta.

María se quedó bastante tranquila sabiendo que su hermanita tenía dignidad.

 

Aparentemente era una conversación de esas que consideramos un poco absurdas, de esas que parecen no tener mucha importancia. Esas conversaciones que nos hacen mucha gracia porque vemos que nuestros hijos pequeños aún no dominan ciertos conceptos.

Pero yo, cosas que le pasan a uno cuando está ocioso, me quedé pensando si realmente Victoria tenía dignidad.

¿Dignidad? ¡Qué buena pregunta!

¡Claro que los niños tienen dignidad!

O al menos deberían tenerla, aunque a veces les tratemos como si no la tuviesen.
Los niños deben ser respetados. Es la única manera de que aprenda a respetar.
Muchas veces les ridiculizamos en público y, lo peor de todo, ni siquiera somos conscientes de ello.

Si nosotros, sus padres, que somos quienes más deberíamos valorarles, les insultamos y menospreciamos sus sentimientos, les estamos inhabilitando como personas.

De esa manera les convertimos en nuestras mascotas, en monitos de feria.

Deben comportarse a nuestro antojo, deben sentirse tristes si nosotros queremos y alegres cuando nosotros lo deseemos.

El menosprecio físico y los insultos, y más en público, son potentes armas destructoras del autoestima de los niños.
Es frecuente escuchar cualquier lugar donde hay niños:

“¡Eres un inútil, con lo fácil que es hacer eso…!”

o

“¡Eso es una tontería, por eso no se llora!”

Cambiemos ahora la escena. En nuestro trabajo nuestro jefe, delante de todos los compañeros, nos grita:

“¡Martínez eres un inútil! ¡Por dios, pero si eso lo hace hasta un niño de dos años!”

o

“¡No te pongas así! ¡Vaya tela, cómo te pones sólo porque te grito!”

 

Creo que queda claro que después de ese momento uno no se siente demasiado bien, ¿verdad?

A los niños hay que corregirles y ponerles límites, de hecho, ellos se sientes muy seguros dentro de los límites. Pero el establecimiento de estos límites no puede hacerse ridiculizándoles en público.

Los niños son “más bajitos” pero son seres que merecen ser tratados con el mismo respeto que cualquier adulto.

Los niños son lo que son ya, no son que lo serán.

Los niños ya son personas, y precisamente se encuentran en una etapa muy importante para la formación de su personalidad.

No debemos menospreciar sus sentimientos. Al contrario, debemos valorarles. Debemos ayudarles a identificar esos sentimientos y enseñarles a gestionarlos.

 

Sus sentimientos son tan válidos como los nuestros.

Sus preocupaciones, sus miedos, sus inquietudes, sus dudas,… son tan importantes como las nuestras.

 

Si nosotros no enseñamos a nuestros niños a valorarse a sí mismos, ¿quién lo hará?
Si estás de acuerdo, comparte.