No sólo hoy es el día de la madre.

Muchas mamás recibirán hoy un regalo y miles de mensajes de “cuánto te quiero y lo buena que eres” por parte de sus parejas pero mañana…

… mañana vuelta  a la realidad.

 

Vuelta al maravilloso mundo de teta, pañales, biberones, llantos, canciones infantiles, berrinches, vestir al niño mientras cocinas, no encontrar el comento de darte una ducha de tres minutos, no encontrar una conversación más interesante que los problemas de la familia de Pepa Pig  …  y aguantar, además, que papá diga al llegar “no te quejes que yo llevo todo el día trabajando para que tú puedas estar aquí con los niños”. Y además sé buena amante y esposa. Y más aún, en ocasiones, aguantar la crítica de todas las buenasmadres (abuelas, primas, vecinas, “amigas” y de tu propia pareja de pareja) “ a este niño lo tienes malacostumbrado”

 

¡Ay, qué fácil es ver los toros desde la barrera!

 

No faltará quien salga hoy a decir “pues se equivoca, en mi caso no es así”.

Efectiva y afortunadamente, sé que no siempre es así. Pero creedme, trato con varios miles de familias a lo largo del año y esto me da una visión bastante real de los modelos familiares. Ni pretendo ser ejemplo ni dar lecciones a nadie de modelo familiar y de crianza pero sí puedo decir, por lo que me da la experiencia de mi trabajo, queel peso duro de la crianza recae muy desigualmente sobre las madres.

Ellas son las que mayoritariamente renuncian:

– renuncian a su tiempo,

-renuncian a su libertad,

-renuncian a sus aspiraciones profesionales,

-renuncian, incluso, a su libertad económica.

Así que pensemos que un día como hoy no es sólo un día de felicitaciones sino de reconocimiento.

Felicitaciones a LO GRANDE QUE ES UNA MADREy reconocimiento a TODAS LAS RENUNCIAS QUE SUPONE SER MADRE.

 

Y sobre todo pensemos que NO SÓLO HOY ES DÍA DE LAS MADRES.

 

Todo lo que he aprendido contigo…

Esta niña es la culpable de muchas cosas.

En primer lugar es culpable de hacerme profundamente feliz cada día. Es culpable de volverme hacer sentir como un niño y, sobre todo, es culpable de hacerme entender qué es lo que realmente valora un hijo de sus padres.

Es culpable también de haberme vuelto a sensibilizar con todo el mundo de la maternidad-paternidad, de hecho fue de su embarazo de donde surgieron la sensibilidad, las ganas y la empatía suficiente para empezar este blog.

La primera vez que me quemé fue, obviamente, muy especial. Pero la crianza del primero la vives con tantos miedos (sí, los pediatras también tenemos miedos porque antes de ser pediatras somos personas y padres) que no te dejan disfrutarla del todo.

La segunda también me quemó cuando nació pero en mi caso el haber tenido los dos primeros tan seguidos hizo que la maternidad-paternidad se convirtiesecasi en una cuestión de supervivencia. Físicamente mi mujer y yo estábamos agotados (¡cuántas mañanas amanecía la pequeña con los pañales del grande y viceversa…!). Pañales de todas las tallas, bodies de todos los tamaños, carros por un lado y por otro, juguetes por todos lados… Había días que las rutinas parecían una cadena de montaje… Ahora el baño, ahora la cena, ahora la canción, ahora el cuento,… Como he dicho, era prácticamente una cuestión de supervivencia y esto tampoco te permite disfrutar adecuadamente de todos los detalles de la crianza.

Pero con Victoria la crianza ha sido diferente. Desde luego mucho más fácil y, por supuesto, mucho más natural y relajada.

La óptica de un tercer hijo te hace relativizar absolutamente las dificultades de la crianza. Hace que valores de verdad lo que de verdad importa.

Tonterías las justas. Lo importante es lo importante.

Entiendes, también, que cada niño es diferente y que lo que te sirvió para uno no te vale para los otros. Esto te hace ser mucho más tolerante con cada niño y con cada familia (esto me hace entender en mi trabajo que existen millones de modelos familiares, millones de modelos de crianza y todos perfectamente válidos).

Cada niño es un ser único e irrepetible y sólo por ello ya merece ser amado.

Desde luego, hija mía, así lo eres. Eres una niña muy especial.

Hoy, en tu segundo cumpleaños quiero darte las gracias por todo lo que me has enseñado.

Porque sin ti no habría sabido cómo de grande es el sentimiento de ser padre.

 

No sabes hija mía cuánto te quiero.

¡¡Muchas felicidades!!

 

Para gustos, los colores…

“¡Doctor, estoy supercontenta; Ahora sí que estoy tranquila porque, por fin, Martín ya me coge el pecho estupendamente!”

“¡Doctor, estoy superféliz porque ya, por fín, Laurita no quiere el pecho!”

 

“¡Doctor, estamos muy preocupados porque Darío toma siempre de postre yogur!”

“¡Doctor, dígaselo usted! ¿Verdad que Alba debe tomarse al menos un yogur después de comer?”

 

 

“¡Doctor, no sabe cómo disfrutamos de tener a Pablo en la cama con nosotros!”

“¡Doctor, qué desesperación! María sólo duerme en la cama con nosotros, ¿qué podemos hacer?”.

 

“¡Doctor, Alba ya tiene 6 meses, ¿Podemos empezar a darle comida sólida?

“¡Doctor, ¿entonces Juan ya puede comer sólido? Pero si sólo tiene 18 meses”

 

“¿Doctor, no le puede mandar a Álvaro un jarabe para las ganas de comer? Tiene 2 años y peso sólo 12 kilos!”

“¡Doctor, a este niño habrá que frenarle un poco con la comida, ¿verdad? Es que tiene 2 años y pesa ya 11 kilos!”

 

Podría poner cientos de ejemplos más.

 

¿Qué divertido es pasar consulta?

No paro de aprender con cada madre, con cada padre, con cada familia.

 

¡Cuántas maternidades, todas diferentes!

¡Cuántas familias, cada una distinta!

¡Cuántas paternidades, en nada se parecen!

¡Cuántas modelos de crianza, ninguno igual!

¡Bendita diversidad!

 

Pero entenderéis que así no puede existir un manual de instrucciones para la crianza, ¿verdad?

¡¡Feliz Nochebuena!! Especialmente si en tu casa hay una «silla vacía».

Papá, ¿este año tampoco cenarás con nosotros en Nochebuena?”, me decía esta mañana mi hijo al despedirme de él para venir a la guardia. A pesar de que ya se lo había avisado durante estos días se agarraba a su última oportunidad, el “chantaje emocional”.

Con un nudo en la garganta, como si no tuvieses saliva sino piedras en la boca: “No, hijo. Este año tampoco puedo. Este año también hay niños que están malitos y necesitan que los médicos los sigan cuidando todas las noches, también la de Nochebuena”.

Cada año se me hace más difícil responder a esta pregunta. Él puede llegar a entender que hay niños malitos y que hay que cuidarlos pero, lógicamente, quiere hacer una cena en familia como todo el mundo. No quiere que haya “sillas vacías” en la mesa.

Precisamente, cuando empiezo a pensar en las sillas vacías que habrá en cada casa es cuando soy consciente de muchas situaciones. En el fondo soy muy afortunado, tengo una familia sana y con una gran sensibilidad.

Un año más, desde Cuidar Mi Bebe,  quiero desearos una FELIZ NOCHEBUENA Y UN FELIZ DÍA DE NAVIDAD a todas las familias pero especialmente a las que tendrán “sillas vacías”:

Quiero felicitar:

  • A todas las familias que actualmente tienen atodos sus miembros en un buen estado de salud, pero especialmente las que pasarán esta noche en el hospital porque tienen alguno de sus miembros ingresado.
  • A todas las familias que se reuniráncompletas porque todos sus miembros pueden disfrutar de unas merecidas vacaciones, pero especialmente a las que no podrán hacerlo porque su trabajo no se puede quedar “descubierto” (médic@s, enfermer@s, celador@s, auxiliares, bomber@s, policias, conductores de metro o autobús,…)
  • A todas las familias quehan sumado un miembro nuevo este año(afortunadamente yo soy una de esas familias y qué grande son las alegrías que nos dan), pero especialmente a las que perdieron un ser querido (desgraciadamente también soy una de esas familias)
  • A todas las familias que cenarán cosas extraordinarias porque uno de sus miembrosencontró trabajo este año, pero especialmente a las que no podrán hacerlo porque alguno de sus miembros continúa en paro.
  • A todas las familias que mayor o menor humildad celebrarán la cenaen su hogar, pero especialmente a la gente que está en la calle, a los “sin techo”, a los refugiados, …
  • A todas las personas que cenarán encomedores sociales (algunos de ellos dejando su “silla vacia” en su casa), pero también a la gente que colaboró con alimentos y a todos los voluntarios que harán posible que cenen “en familia”.

 

Mi deseo para estos días es que descubramos la grandeza de LA FAMILIA.

… pero te lo habrás perdido.

padre-e-hijo

No te reprochará que no lo cogieras en brazos cuando pedía protección…

pero te lo habrás perdido.

No te tendrá en cuenta que no lo metieras en la cama de madrugada…

pero te lo habrás perdido.

No te acusará por no haber jugado con él al “cucu-trás”…

pero te lo habrás perdido.

No te rechazará por no haberlo acompañado en  su primer día de cole…

pero te lo habrás perdido.

No te echará en cara que no hicieras con él castillos de arena…

pero te lo habrás perdido.

No se enfadará contigo por no haber jugado con él a las guerras de almohadas…

pero te lo habrás perdido.

No te despreciará porque no le leyeras un cuanto cada noche…

pero te lo habrás perdido.

No te recriminará que no lo enseñaras a montar en bicicleta…

pero te lo habrás perdido.

¡Disfruta de cada momento, de cada etapa de tu hijo porque si no…

te lo habrás perdido!

 

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¿Cuál es número de hijos ideal en una familia?

familianumerosa

Existen multitud de preguntas que uno debería saber que cuando las hace se está exponiendo a que le contesten cualquier tipo de improperio. Un ejemplo de este tipo de preguntas son las relativas a la maternidad o paternidad, o más bien, las relativas al número de hijos que tiene o debe tener una familia.

Seguro que os veréis reflejado en alguno de los ejemplos siguientes.

Cuando uno se casa, vive o convive durante un tiempo con su pareja, la pregunta no se hará esperar:

“¿Pronto buscaréis familia, no?”

Siendo correcto se podría contestar : “El momento y el deseo de tener un hijo es un momento muy íntimo, que sólo tengo que decidir con mi pareja y no contigo”

Peor aún es cuando uno tiene su primer hijo. Parece que se hubiese abierto la veda y el segundo no se pudiera hacer esperar.

“Habrá que darle pronto un hermanito a esta criatura”, “¿Ahora tendréis que buscar la parejita, no?”

La pregunta puede resultar impertinente en cualquier momento, pero es que encima muchos se atreven a hacerla en la primera visita a la maternidad, a una madre recién parida.

Muchas madres se limitan a mirar con una tímida sonrisa por no contestar: “Pues mira, ya que me preguntas, te diré que a preguntar no obligan pero a responder sí. Resulta que ahora mismo, después del parto, estoy profundamente féliz, y a la vez tremendamente cansada, por lo que ahora sólo intento concentrar toda mi energía en disfrutar de este momento y no sé si habrá otro.  Si has venido a hacer preguntas impertinentes a la maternidad más vale que te hubieses quedado en tu casa. Por cierto hablando de preguntas impertinente, ¿Y tu qué, cagas duro?

De todas maneras tengo que decir que las familias que tienen dos hijos son las que más tranquilas pueden respirar. Ese numero de hijos parece estar socialmente bien visto. Aun así es imposible librarse de los comentarios de determinadas personas que tienen como afición solucionar la vida de los demás:

“Mira que bien, la parejita, pero deberíais haberlos tenido más seguidos”. O “Lo mejor es que sean dos niños, varones, para que jueguen juntos”. O “Es mejor que sean dos niñas, que las hermanas se llevan después muy bien y se cuentan sus cosas”. Total,  sea como sea, a “las tacañonas” nunca les vendrá del todo bien tu familia.

El problema viene si tienes la “osadía” de tener un tercer hijo. Cargarán nuevamente contra ti:

“¿Ha sido buscado?, ¿ya pararéis, no?”

Podría responder: “¿A quién te refieres con lo de buscado?, ¿al gili… que tengo delante preguntando? No, no te busqué. Apareciste tú solo, sin que yo te llamase”.

Si te “atreviste” a tener cuatro o más hijos entonces además te pedirán explicaciones sobre tu religiosidad:

“¿Cuántos has dicho, cuatro?, ¿no serás del Opus o de los kikos?”

Respuesta: «Por la pregunta deduzco que tienes menos de cuatro, ¿verdad? Pues dime ¿estás arrepentido de haber tenido alguno de tus hijos?. Yo no. Lo de la religión ya si quieres lo hablamos otro día pero ¿es que acaso tu religión te impide tener el número de hijos que tú quieras?».

Seguro que os encontráis en alguno de los grupos anteriores y más de una vez habéis «sufrido» estas preguntas.

Un consejo, si me lo permitís, a riesgo de llevarme una mala contestación: Ten los hijos que libre y voluntariamente quieras. Cualquier excusa es válida para tener o dejar de tener los hijos que quieras. Sólo tú sabrás y sentirás desde dentro si vives tu vida o te la están viviendo.