La trona vacía… ¡¡Feliz Nochebuena!!

Esta mañana, cuando despedía a mi mujer y mis hijos para venir a trabajar, nuevamente pensaba como hace ya demasiados años en mi “silla vacía”.

No, este año mis hijos no me hicieron la pregunta del último minuto que siempre me cuesta tanto trabajo contestar (“Papá, ¿entonces este año tampoco cenaras con nosotros?”). Ni esa pregunta ni otras. Simplemente dormían como benditos.

Ahí quedó la cosa.

Besito de despedida mientras duermen y sales de casa con un nudo en la garganta diciendote:

Ea, otro año más que no puedo cenar en familia la noche de Nochebuena. Otro año más que no podré cenar con los míos. Otro año más con una silla vacía en la mesa”,

Te resignas, arrancas el coche y conduces, casi como un autómata, camino del hospital.

Pero conforme te vas acercando al hospital y comienzas a repasar mentalmente los niños que piensas encontrarte allí ingresados, los que dejaste ingresados el viernes, sucede algo mágico. Dejas de pensar en tu silla vacía de la cena de esta noche y comienzas a pensar en esas familias. Esas familias que lo que realmente tienen es una “trona vacía”, y no por trabajo, sino por salud.

¿Hay algo más duro para unos padres que pasar la noche de Nochebuena con tu hijo ingresado en el hospital?

En ese momento te sientes muy afortunado. Afortunado porque esta noche aunque mi silla esté vacía, no lo estarán las tronas de mi casa. Y afortunado porque puedes ayudar a que algunas de esas tronas vacías de este año, al año que viene estén ocupadas por un niño que cante villancicos, que incordie en la cena, que derrame un vaso de agua o refresco en la mesa, que grite o que llore, que “te fastidie” la cena pero que SU TRONA NO ESTÉ VACÍA.

Quiero este año, desde Cuidar Mi Bebe, mandaros un abrazo enorme a todos, pero especialmente a todas las familias que tenéis una trona vacía.

¡¡Ánimo, campeones, LO VAMOS A CONSEGUIR!!

¡Que no cunda el pánico!

Varias familias habéis acudido esta semana a mi consulta preocupadas porque vuestros bebés habían consumido leche Sanutri, Damira o Puleva.

Aclaremos el tema:

¿Por qué han retirado varios lotes de las leches Sanutri, Damira y Puleva?

El grupo empresarial Lactalis Nutrición Iberia ha decidido retirar del mercado español, como medida de PRECAUCIÓN, varios lotes de sus fórmulas de leche en polvo para lactantes debido a que principios del mes de diciembre de este año se detectó en Francia un brote de una veintena de casos de Salmonellosis en bebés menores de seis meses en relación al consumo de leche en polvo de las marcas que fabrica este grupo empresarial (Damira, Sanutri y Puleva Bebé).

¿Por qué se ha producido la contaminación de esta leche?

Según la información proporcionada por las Autoridades Sanitarias francesas y los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por la compañía desde hace una semana han permitido identificar una posible causa de contaminación en una de las torres de secado de leche de esta fábrica en el período comprendido entre el 1 de mayo y el 6 de mayo de 2017.

Este hallazgo ha llevado a la compañía a realizar una nueva retirada preventiva más amplia que se extiende a todos los productos fabricados en esta torre de secado desde el 15 de febrero de 2017.

Como medida adicional de precaución, la compañía ha decidido realizar una parada técnica de la fábrica para acometer un proceso de limpieza y desinfección en profundidad.

¿Debemos preocuparnos en España?

Según ha informado la compañía en un comunicado, en España Lactalis Nutrición Iberia no ha tenido comunicación sobre ningún caso asociado a estos lotes y todos los análisis realizados hasta ahora a los productos comercializados siempre han sido negativos. Literalmente dice: «La compañía toma esta decisión como medida de precaución al estar fabricados en la misma línea de producción que los lotes de las marcas francesas afectadas».

Añaden, además: «Es igualmente importante destacar que el consumo de los lotes no incluidos en la retirada y del resto de productos de las marcas Sanutri, Damira y Puleva es totalmente seguro, incluyendo todos los productos de leche líquida de la marca Puleva Peques, que se producen en fábricas de la compañía en España»

¿Cómo saber si mi hijo ha consumido leche contaminada?

La salmonelosis es un cuadro clínico caracterizado por fiebre y diarrea unas horas después de la ingestión del producto contaminado, por lo que si tu bebé no presenta estos síntomas, aunque haya tomado leche de uno de estos lotes, debes estar TRANQUILO.

¿Cómo puedo saber si la leche que consume mi hijo pertenece a uno de estos lotes supuestamente afectados?

Revisando el código que figura en la base del envase y, comprobar si coincide con los lotes supuestamente afectados que son:

¿Qué debo hacer si he comprado uno de estos botes pertenecientes estos lotes?

Acude al punto de venta en el que lo adquiriste para gestionar la devolución.

También puedes consultar, pinchando aquí, la página web oficial de Sanutri donde se explica con mayor detalle.

Existe también un número de información a disposición de los consumidores para resolver cualquier duda 900 102 336 (horario de atención 8:30 a 20:00)

 

Resumiendo:

  • Si tu hijo no ha consumido ninguno de estos lotes: no tienes que hacer nada, TRANQUILO.
  • SI tu hijo ha consumido uno de estos lotes pero no tiene síntomas: TRANQUILO, gestiona la devolución y consume un producto alternativo.
  • SI tu hijo ha consumido uno de estos lotes y tiene síntomas de salmonelosis (fiebre y diarrea): acude a tu pediatra.

Mañana puede ser tarde…

¡Qué curiosa es la vida! ¡Qué casualidades!

Ha sido esta una semana emocionalmente muy intensa para mi. Además del nacimiento de una guapísima sobrina (prometo post), el pasado lunes mi padre se intervenía de una cirugía vamos a decir con cierto riesgo, para no ponernos del todo dramáticos.

Aunque los quirófanos, las anestesias y el “olor” a hospital es algo que forma parte de mi rutina diaria, he de decir que cuando te toca tan de cerca la cosa cambia.

Afortunadamente cambia.

Afortunadamente para mis pacientes. Si con cada paciente tuviese una implicación sentimental máxima perdería continuamente la objetividad, y esto no sería bueno para ellos. Esto no quiere decir que no intente en cada situación ser todo lo empático que puedo.

Y afortunadamente para mí. ¡Somos los que sentimos! Pobre de aquella persona que no se deja nunca llevar por sus sentimientos. Muchas cosas no se pueden razonar, se sienten y punto. Ríe o llora, pero no te frenes, no te arrugues. ¡Siente!

Bueno, a lo que iba. Es inevitable sentir ciertos miedos cuando un ser muy querido, en este caso mi padre, se encuentra en una situación de riesgo. Y es ahí donde uno se da cuenta cómo en el caso de un desenlace fatal se sentiría muy mal no sólo por la pérdida sino por no haber dicho “¡cuánto te quiero!” a esa persona.

A partir de este momento, pensé, no pienso callarme ni una oportunidad de decirlo cada vez que pueda, o cada vez que me apetezca. Pero no sólo a mi padre sino a todas las personas que me rodean (hijos, hermanos, sobrinos, cuñados, compañeros de trabajo, vecinos,…)

Pienso que, en general, no expresamos todo lo que sentimos. Vivimos arrugados.

Casualidades de la vida (y de ahí que me haya decidido a escribir este post), ayer por la mañana recibía por whatsapp un mensaje de admiración, agradecimiento, o como lo queráis llamar de la madre dos de mis pacientes. Curiosamente esta madre había escrito una entrada en su blog (podéis leerla pinchando aquí) tratando este tema, decir cuánto apreciamos a muchos seres queridos y nos lo callamos, y había decido ponerlo en práctica.

Pienso que es un ejercicio que iniciarlo puede costar un poco de trabajo, desgraciadamente, por lo poco acostumbrados que estamos a agradecer, a valorar las virtudes de los demás. Pero es absolutamente reconfortante para uno mismo decirle a los demás cuánto les valoras, cuánto les admiras, cuan importante fue aquel gesto en aquel momento, cuan agradecido estas por aquellas palabras en aquella situación,…

Es también muy reconfortante para uno cuando recibe esos halagos. No necesariamente tienen que ser piropos o cosas extraordinarias. A veces es muy importante que te cuenten la verdad. Si hay algo que te molestó de alguien también es bueno decirlo. Es la mejor manera, probablemente, de saber por qué lo hizo. Fácil, hablando se entiende la gente.

¡Estamos tan poco acostumbrados a dar las gracias…!

Te invito a que lo hagas ahora. Sí, ahora. ¡¡¡YA!!!

Las cosas importante no deben esperar.

Díselo como quieras. Envíale ahora mismo un whastaap, escríbeselo en facebook, llamaló por teléfono, déjale una nota en el frigo, escríbele “¡te quiero!” en la servilleta de un bar si estas allí ahora, déjale una nota en el espejo del cuarto de baño,… ¡Hazlo como quieras, pero hazlo!

Ponlo en práctica. Te vas a sorprender. Descubrirás lo bien que sienta ser agradecido.

Además estos gestos suelen tener mucha reciprocidad. Vas a comenzar a recibir gestos o mensajes de agradecimiento y amor.

¡¡Empieza ya!!

Para gustos, los colores…

“¡Doctor, estoy supercontenta; Ahora sí que estoy tranquila porque, por fin, Martín ya me coge el pecho estupendamente!”

“¡Doctor, estoy superféliz porque ya, por fín, Laurita no quiere el pecho!”

 

“¡Doctor, estamos muy preocupados porque Darío toma siempre de postre yogur!”

“¡Doctor, dígaselo usted! ¿Verdad que Alba debe tomarse al menos un yogur después de comer?”

 

 

“¡Doctor, no sabe cómo disfrutamos de tener a Pablo en la cama con nosotros!”

“¡Doctor, qué desesperación! María sólo duerme en la cama con nosotros, ¿qué podemos hacer?”.

 

“¡Doctor, Alba ya tiene 6 meses, ¿Podemos empezar a darle comida sólida?

“¡Doctor, ¿entonces Juan ya puede comer sólido? Pero si sólo tiene 18 meses”

 

“¿Doctor, no le puede mandar a Álvaro un jarabe para las ganas de comer? Tiene 2 años y peso sólo 12 kilos!”

“¡Doctor, a este niño habrá que frenarle un poco con la comida, ¿verdad? Es que tiene 2 años y pesa ya 11 kilos!”

 

Podría poner cientos de ejemplos más.

 

¿Qué divertido es pasar consulta?

No paro de aprender con cada madre, con cada padre, con cada familia.

 

¡Cuántas maternidades, todas diferentes!

¡Cuántas familias, cada una distinta!

¡Cuántas paternidades, en nada se parecen!

¡Cuántas modelos de crianza, ninguno igual!

¡Bendita diversidad!

 

Pero entenderéis que así no puede existir un manual de instrucciones para la crianza, ¿verdad?

¡Benita sencillez, bendita normalidad y bendita rutina!

Mi vida es tan normal como la de cualquier otro padre. Mis problemas cotidianos son como los vuestros: actividades extraescolares, conciliación laboral cero patatero, hipoteca, discusiones de pareja, …

Precisamente esa “normalidad” hace que mi vida, como la vuestra, sea extraordinaria.

Hay circunstancias en mi vida que me hacen valorar mucho esa sencillez, esa normalidad, esa rutina.

¡Nos empeñamos en ofrecerles a nuestros hijos situaciones extraordinarias (cumpleaños extraordinarios, viajes extraordinarios,…) pero lo que más recordarán cuando sean mayores serán los momentos cotidianos, la sencillez del día a día!

Acompañarles al colegio o recogerles a la salida, un cuento antes de dormir, tirarte al suelo cuando llegas a casa para jugar con ellos,… son situaciones que nos agotan y de las que nos quejamos pero son las que ellos más recordarán de mayores.

También nosotros recordaremos y echaremos de menos esos momentos cotidianos. Pero en el día a día, con el estrés de vida que llevamos, estos momentos cotidianos pareciera que nos están robando parte de nuestras vidas, nos desquician, provocan incluso discusiones de pareja.

En este punto sí que me siento afortunado. Reconozco que las situaciones que vivo en mi trabajo con mucha frecuencia no son muy agradables que digamos. Reconozco, también, que muchas veces en esas situaciones me gustaría esconder la cabeza como un avestruz y decir “tierra trágame” pero tengo que afrontarlas.

“¡Qué carajo!, ¿¡a quién le gusta dar malas noticias!?”

En lo que va de semana podría contar ya varios casos que marcarían a cualquiera de por vida: maltrato físico infantil, abusos sexuales, dos estrellas más que nos iluminan desde el cielo, infartos en los familiares de esos niños tras recibir estas noticias, diagnóstico de enfermedades de muy mal pronóstico,… 

Estas situaciones, más allá de lo difícil y dramático del momento, te dejan siempre una gran enseñanza, nunca te dejan indiferente.  

Estas vivencias tan intensas te hacen relativizar mucho los problemas del día a día. Muchas de las situaciones que podrían provocar una discusión familiar te parecen pecata minuta. Ves cuáles son las cosas importantes de la vida.

Estas experiencias te hacen tener los pies en el suelo y valorar los pequeños detalles de la vida cotidiana: una tarde en el parque, una guerra de almohadas, un beso de buenas noches…

A estas “pequeñas” cosas sólo le das el verdadero valor cuando ves que de un  momento a otro las puedes perder.

Pocas cosas merecen “verdaderamente” la pena: tu familia, tu pareja, tus hijos y tus verdaderos amigos. Pocas cosas más, Insisto, pocas cosas más.

 

Estas situaciones hacen tambalear todos los cimientos de tus sentimientos y te dicen:

“¡Espabila y vive este día como si fuera el último!”.

No te acuestes ni un día más sin haber demostrado a todas las personas que de verdad te importan cuanto les quieres.

 

 

La gripe.

Pero…,¿los niños tienen gripe?

Pues claro. Estamos tan acostumbrados a que los niños menores de dos años tengan mocos que la mayoría de las veces el diagnóstico pasa desapercibido. A todas las familias con hijos pequeños os será familiar la siguiente retahíla: “Mocos otra vez, doctor. Ya hasta me da vergüenza venir. Me voy a tener que comprar una casa al lado del hospital. La semana pasada estuvimos con mocos y tos y ahora ha comenzado con fiebre y los mocos y las toses siguen”.

¿Cuáles son los síntomas?

En los niños más pequeños los síntomas son muy inespecíficos: fiebre (a veces alta) sin foco evidente, malestar, tos, diarrea, vómitos. Es por eso que, en ocasiones, es difícil diferenciarlo de un cuadro de gastroenteritis o de un cuadro catarral.

En los niños más mayores los síntomas son parecidos: fiebre alta, tos, dolor de cabeza, mucosidad, dolor de garganta, malestar general y mialgias pero es más fácil de diagnosticar porque ya expresan cómo se sienten (“me duele todo el cuerpo”).

¿Cómo se contagia?

La gripe es una enfermedad vírica con una alta tasa de contagiosidad. Se contagia por contacto con secreciones respiratorias (saliva, pequeñas gotitas que soltamos al hablar o estornudar, …) de alguien que la esté padeciendo. Debido a algunas actitudes propias de los niños (chupar juguetes que luego cogen otros niños y los vuelven a chupar, estornudar o toser sin taparse la boca,…) , se contagian (y nos contagian) con mucha frecuencia. Casi el 80% de los casos de gripe cada año son niños.

¿Cómo se trata?

El tratamiento de la gripe, como el de casi todas las virasis, es sintomático.

No se trata con antibióticos puesto que es una infección vírica. No existe tratamiento curativo. En estos casos lo que hacemos es aliviar mientras nuestras propias defensas se cargan al virus.

Como en todas las virasis conviene:

  • Tratar con antitérmicos la fiebre si es incómoda. La obsesión (como ya expliqué en este vídeo) no debe ser controlar la temperatura sino mejorar el malestar que produce la fiebre.
  • Hidratación: es muy importante hacer una ingesta adecuada y abundante de líquidos. Las secreciones serán fluidas y por tanto más fáciles de expulsar. Si existe n vómitos o diarrea nos servirá para rehidratar.

¿Cuándo debemos preocuparnos? 

Uno de los hechos diferenciales de la gripe con respecto a otras virasis es que la fiebre suele ser más alta y el cuadro suele durar más tiempo que en otras ocasiones. Si la mayoría los cuadros víricos suelen estar resueltos en 3-4 días, en el caso de la gripe la duración media de los síntomas es de una semana.

Debemos estar alerta y consultar al pediatra si:

  • el niño se encuentra muy decaído.
  • después de 4-5 días con fiebre, ésta va a más.
  • la tos se hace cada vez más intensa o persitente o empieza a aparecer dificultad para respirar.
  • aparecen manchitas en la piel (en la gripe no deben salir manchitas en la piel).

¿Se pude hacer algo para prevenir?

Por un lado debemos intentar prevenir el contagio (lavarse las manos, toser con el codo,…)

Por otro lado disponemos de la vacuna de la gripe para prevenir el contagio.

 

¿Quién debe vacunarse de la gripe?

Puede vacunarse la gripe cualquier persona mayor de 6 meses que no presente ninguna contraindicación para la vacuna.

En Estados Unidos la Academia Americana de Pediatría recomienda la vacunación universal para todo los niños mayores de 6 meses, sin embargo en Europa no se recomienda la vacunación universal.

Las recomendaciones actuales del Comité asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría dicen que se recomienda la vacunación de la gripe en los siguientes niños que se encuentren dentro de los siguientes grupos de riesgo (puedes leerlas más ampliadas pinchando aquí):

  • Niños prematuros nacidos con menos de 35 semanas de edad gestacional, en los primeros años de su vida.
  • Niños con enfermedades crónicas respiratorias (asma, bronquitis de repetición, displasia broncopulmonar,…), metabólicas (por ejemplo la diabetes), renales, hepáticas, reumatológicas, neuromusculares.
  • Niños sin bazo.
  • Niños con implantes cocleares.
  • Niños inmunodeprimidos.
  • Niños con síndrome de Down.
  • Niños malnutridos o con obesidad mórbida.

Además quiero hacer dos consideraciones sobre dos grupos de riesgo que habitualmente asisten a la consultas de pediatría y leen este blog:

  • Si estás embarazada debes vacunarte de la gripe.
  • Si eres un abuelo de más de 65 años debes vacunarte de la gripe, por tu salud y por la de tus nietos.

 

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Los niños son para las madres.

Pocas cosas en la vida te cambian tan rápido y para siempre como tener un hijo.

Si hubiese que dividir la vida en dos etapas serían: antes y después de ser madre/padre.

Los éxitos o los fracasos en lo laboral, en lo social, en lo deportivo, … son transitorios.

Pero la maternidad/paternidad, es para toda la vida.

Una vez que se es madre descubres en ti sentimientos que no pensabas que tenías dentro…

¡Se quiere tanto a un hijo! ¡Y es un amor tan diferente al resto de los amores!

«¿Sabes por qué la maternidad/paternidad es tan importante?»

Porque en paritorio o en quirófano es un lugar “transformador”. Allí te conviertes en un ser diferente. Ya nunca vuelves a ser la misma persona. De repente sientes que en un momento ha cambiado tu escala de prioridades. Dejas de ser “TÚ” para ser “NOSOTROS”. Pero un “nosotros” muy especial, un “nosotros” sin condiciones, un “nosotros” para siempre.

Claro que la maternidad/paternidad y la crianza es dura, MUY DURA diría yo. Pero casi siempre el que suponga un sacrificio enorme viene determinado socialmente. La sociedad (¡ojo, que la sociedad somos todos!) se ha encargado de cargar sobre la madre todo el ejercicio de la crianza. Está claro que las mujeres son las que engendran, paren y tienen la capacidad de amamantar naturalmente a las crías. Pero la crianza es más que eso. Afortunadamente la sociedad está avanzado muy poco a poco, pero el hecho de que la mujer se haya incorporado al mundo laboral no ha ido acompañado de que los hombre se incorporen al mundo de la crianza. Claro que no se puede generalizar, también existen muchos padres maravillosos que no sólo están presentes sino que “crían” a sus hijos. Es decir, padres que no sólo que colaboran en la crianza sino que asumen de verdad su rol, el de padre.

En general la conciliación, el reparto de las tareas, la renuncia en lo laboral y en el resto de las facetas de la vida,… ES UN PROBLEMA DE MUJERES.

Tengo que decir alto y claro que, a día de hoy, la crianza está en manos de las mujeres.

Pero también tengo que decir que quien renuncia a las “obligaciones” de la crianza también renuncia a los mayores placeres de la vida, porque criar también es…

… acariciar esas manos gorditas y saber que esa maravilla es parte de ti.

… oler su piel y sentir que no hay otra fragancia ni perfume en el mundo que sea capaz de despertar en ti tantos sentimientos tan profundos y tan positivos.

… poder compartir cada uno de los progresos de cada etapa de su vida.

… tener a tu lado a una persona que TE QUIERE sin poner condiciones, una persona que TE QUIERE DE VERDAD.

 

Comparte si piensas que la crianza debe ser cosa de dos.

Hoy también…

Hoy, quizás, …

habrán quitado ya los lazos rosas de edificios y ayuntamientos…

ya no se repartirán pegatinas de lazos rosas por las calles…

ya no se hablará de esto en el telediario…

 

Pero hoy, todavía…

muchas mujeres recibirán su diagnóstico de cáncer de mama,

muchas mujeres sufrirán el dolor físico de su intervención,

muchas mujeres vomitarán tras la quimioterapia,

muchas mujeres sentirán la mutilación por la mastectomía,

muchas mujeres pasarán el día “obligatoriamente” separadas de sus pequeños porque tienen las defensas bajas por la quimio,

muchas mujeres llorarán en silencio por no saber cómo contarle a su hijo pequeño porqué llevan puesto un pañuelo en la cabeza.

Hoy, también puede ser un gran día para…

recordar que todas ellas tienen derecho a sentirse como puedan,

no como nosotros (la sociedad) les obliguemos a sentirse.

Derecho a sentirse guerreras,

derecho a sentirse tristes,

derecho a sentir miedo,

derecho a sentir alegría,

derecho a cantar, reír y llorar,

derecho a contar o a callar su enfermedad,…

porque los sentimientos les pertenece a ellas,

a cada una los suyos,

y cada una debe ser libre de sentir lo que siente.

Acompañémoslas en sus sentimientos,

sean los que sean,

a cada una en los suyos.

¡Papá (mamá), no hables así de mamá (papá)!

Un viernes cualquiera en la consulta.

“Buenas tardes, princesa. Oye, María, venga, cuéntame porqué has venido a verme. ¿Prefieres contármelo tú o se lo preguntamos a ti madre?”

En ese momento mira a su madre y casi sin mirarme a mi, con la mirada dirigida hacia abajo, sin apenas salirle la voz del cuerpo suelta: “porque me duela la barriga”.

Uno, que ya empieza a ser perro viejo en estas cosas, tiene muy claro desde el principio que cuando una niña de esa edad (12 años) te dice de esa manera que le duele la barriga, no es precisamente la barriga lo que duele. Lo que duele, con un dolor inaguantable es el corazón, es el alma.

Ese “me duele la barriga” en un grito de auxilio, como lo es “me duele la cabeza” o “me mareo”.

Podemos (y digo podemos, porque es evidente que si su madre la ha traído a la consulta se lo está siguiendo) seguirle el juego durante unos minutos con preguntas tipo:

“Ah, sí. ¿Desde cuándo?, ¿Es más frecuente a alguna hora?, ¿es más intenso antes o después de comer?, ¿lo relacionas con alguna comida?, ¿has tomado algún medicamente para ese dolor?…” y así todas las preguntas que queramos.

Pero ella, en el fondo, está esperando otra pregunta. Esta esperando que la miremos a los ojos, con mucha serenidad, que sienta con sólo una mirada que la entendemos y le preguntemos: “¿Qué es lo que te preocupa, María?, ¿Estas preocupada porque mamá y papá se han separado?”

 

El tema de las separaciones y los divorcios es una realidad que está ahí y que cada vez más frecuente. Aproximadamente la mitad de las parejas terminan separándose.

Cuando las cosas no funciona, pues no funcionan. Se ha acabado el amor, has descubierto a otra persona, no puedes soportar ya esta vida,… No voy a entrar en esto, por supuesto. Cada pareja tendrá sus razones.

No tiene sentido aguantar sólo por los hijos. Eso está abocado al más estrepitoso de los fracasos. No se puede hacer hogar donde no hay hogar.

Pero lo que de verdad no tiene sentido es que se utilicen niños como moneda de cambio.

Tened en cuenta que para ellos su padre es su padre, una figura muy importante en su vida. Que su madre hable mal de su padre no le ayuda en nada. Y, de la misma manera, que su padre hable mal de su madre, la otra figura de referencia en su vida, tampoco le ayuda en nada.

Recordad que los padres somos los espejos en los que se miran nuestros hijos. Somos, por tanto, también modelo de sus futuras relaciones. No les estamos dando el mejor ejemplo cuando nos insultamos delate de ellos, cuando nos reprochamos todo delante de ellos,…

Los niños son capaces de entender cualquier situación, menos la violencia física o verbal entre las dos personas que ellos más quieren. Si se lo explicamos con tranquilidad pueden entender que mamá y papá ya no se quieran, pero eso no significa, en absoluto, que dejen de quererlos a ellos.

El mensaje que debemos transmitirles es que tengan la absoluta seguridad de que a ellos mamá y papá les siguen queriendo como hasta el momento, infinito, y que ellos no tienen la culpa de nada de lo que está ocurriendo.

 

Un favor. Que los niños no sean monedas de cambio.

Ellos deben saber que nuestro amor hacia ellos está muy por encima de cualquier desavenencia entre los padres.

 

Un deseo. Que sepamos escuchar con el corazón.

Que sepamos entender sus gritos de auxilio con ese “me duele la barriga”.

 

 

¿Puede un bebé de seis meses tomar sal?

“Doctor, Laura cumple hoy un año así que ya puede tomar sal, ¿verdad?”

Es un razonamiento que siempre me ha llamado mucho la atención. Me imagino a la pobre Laura tachando los días del calendario no por la llegada de su cumple (ya que en su primera velita no suele enterarse mucho) sino porque hasta ese día no había probado nada con sal.

Sinceramente, no sé de dónde surgen ciertos mitos. Probablemente incluso estén favorecidos por comentarios que hacemos los propios pediatras y quedan arraigados en la cultura popular arraigados como auténticas lapas.

No seré yo quien diga que la sal es sana pero no hay ningún motivo médico para que la sal que no era buena antes del año empiece a serlo después de éste.

Es cierto que los riñones de un recién nacido son inmaduros y no están preparados para “depurar” grandes cantidades de sal (de ahí que se recomiende que los biberones los preparemos a una concentración exacta, raseando los cacitos de leche y no poniéndolos colmados), pero el gran problema de la sal es otro.

La sal es perjudicial a largo plazo, provoca hipertensión arterial.

Por este motivo todos deberíamos hacer una dieta pobre en sal para evitar la hipertensión. Debemos saber que la hipertensión arterial es una enfermedad que se va desarrollando en algunas personas (sobre todo si están predispuestas genéticamente) poco a poco por el establecimiento de malos hábitos, entre ellos un exceso de consumo de sal.

La hipertensión arterial suele aparecer a partir de los 40 años. En una enfermedad que se va desarrollando lentamente durante tantos años no va a existir una diferencia significativa el haber tomado más o menos sal durante esos 6 meses.

Cuando un pediatra recomienda que no se añada sal a la comida, o se haga muy moderadamente, no es una recomendación puntual sólo para unos meses. Es un hábito que debemos establecer como habito alimenticio saludable para toda la vida.

Es casi el mismo razonamiento que hacíamos para el aceite de palma. ¿Por qué tanta alarma de algunos padres sobre el aceite de palma en las leches de fórmula si después el niño lleva un paquete de oreo al recreo y se come dos donuts en la merienda?

Debemos establecer hábitos saludables en alimentación para que se mantengan de por vida, no para ser flor de un día.

Hacer una dieta no es estar seis meses muerto de hambre y después “vuela la burra al trigo”. Hacer una dieta sería reconducir todos los malos hábitos alimentarios y acompañarlos de ejercicio físico moderado.

Conclusión: no quiero que se malinterprete el mensaje: Si no vas a cuidar la alimentación de tu bebé durante toda su infancia y juventud, no hace falta que te esfuerces en hacerlo sólo en los primeros seis meses. A la larga no habrá grandes diferencias. Si eres de esas familias, déjalo disfrutar de algo “saladito” desde el principio.

Lo realmente importante con respecto a la sal es saber que es perjudicial para la salud a largo plazo y, por tanto, evitar un exceso de consumo excesivo a largo de toda la vida.

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