Esta mañana, cuando despedía a mi mujer y mis hijos para venir a trabajar, nuevamente pensaba como hace ya demasiados años en mi “silla vacía”.
No, este año mis hijos no me hicieron la pregunta del último minuto que siempre me cuesta tanto trabajo contestar (“Papá, ¿entonces este año tampoco cenaras con nosotros?”). Ni esa pregunta ni otras. Simplemente dormían como benditos.
Ahí quedó la cosa.
Besito de despedida mientras duermen y sales de casa con un nudo en la garganta diciendote:
“Ea, otro año más que no puedo cenar en familia la noche de Nochebuena. Otro año más que no podré cenar con los míos. Otro año más con una silla vacía en la mesa”,
Te resignas, arrancas el coche y conduces, casi como un autómata, camino del hospital.
Pero conforme te vas acercando al hospital y comienzas a repasar mentalmente los niños que piensas encontrarte allí ingresados, los que dejaste ingresados el viernes, sucede algo mágico. Dejas de pensar en tu silla vacía de la cena de esta noche y comienzas a pensar en esas familias. Esas familias que lo que realmente tienen es una “trona vacía”, y no por trabajo, sino por salud.
¿Hay algo más duro para unos padres que pasar la noche de Nochebuena con tu hijo ingresado en el hospital?
En ese momento te sientes muy afortunado. Afortunado porque esta noche aunque mi silla esté vacía, no lo estarán las tronas de mi casa. Y afortunado porque puedes ayudar a que algunas de esas tronas vacías de este año, al año que viene estén ocupadas por un niño que cante villancicos, que incordie en la cena, que derrame un vaso de agua o refresco en la mesa, que grite o que llore, que “te fastidie” la cena pero que SU TRONA NO ESTÉ VACÍA.
Quiero este año, desde Cuidar Mi Bebe, mandaros un abrazo enorme a todos, pero especialmente a todas las familias que tenéis una trona vacía.
¡¡Ánimo, campeones, LO VAMOS A CONSEGUIR!!